Cuántas veces pasa un ferrolano por la plaza de Armas o el Cantón a lo largo del día? Depende de muchas circunstancias, claro, pero es muy probable que una vez a la semana mínimo, si se reside o trabaja en el corazón de la urbe. Una ciudad pequeña es lo que tiene.
Seguramente ese ferrolano irá con prisa, enfrascado con el móvil y con la ciudad vista y requetevista como para detenerse en como esos espacios han evolucionado, a mejor o a peor, a lo largo de los años.
Si ha atravesado Armas a diario durante los últimos diez años, aunque no se haya fijado mucho, se dará cuenta que los años han pasado factura a la que debería ser la plaza más solemne de la ciudad. Los bajos comerciales que antaño llenaban de vida el subsuelo de Armas llevan años clausurados. El estacionamiento subterráneo urge una reforma que no acaba de llegar y que ha obligado incluso a apuntalar las instalaciones para garantizar la seguridad. El gobierno de Ferrol junto al Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG) consultará a los ferrolanos como quieren que sea la remodelación de la plaza, una obra que lleva años en el cajón de la alcaldía pero que nunca se ha llegado a ejecutar.
Si atraviesa el Cantón al menos una vez a la semana durante los últimos años se habrá topado de bruces muchas veces con obreros. Habrá tenido que sortear vallas, tubos y material de construcción. Pero un día de esos, hace solo unos meses, si se ha parado unos segundos en el Cantón, se habrá percatado de que a veces las obras en Ferrol -no siempre- sí son para mejor. Ha recuperado una imagen clásica, sí, la suya, la que tenía en origen, que le ha dado lustre a una de las primeras alamedas de Galicia.