FAÍSCAS | O |
21 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.ES UN HÁBITO conceder un margen de confianza al nuevo equipo de gobierno tras las elecciones. Se trata de una cortesía con frecuencia excesiva, cuando no manifiestamente inmerecida, pero de práctica generalizada. Durante un trimestre -los famosos cien días-, la sociedad arrincona su memoria y su prudencia y renueva el aval a quienes han ganado las elecciones: a veces son los mismos que ya han gobernado los últimos cuatro años. El deseo de un futuro mejor se impone al raciocinio y todos hacemos cándidos votos por un porvenir con menos tribulaciones. En Ferrol, también, aun a costa del ciclópeo tamaño de las ruedas de molino que se ven en lontananza y que, pues la cortesía es la cortesía, nos tendremos que tragar sin un mal gesto. Pero hay asuntos que no saben de buenas maneras. Hay problemas que requieren presteza en la toma de decisiones, hay situaciones que pueden enquistarse y ofrecer más resistencia cuanto más tiempo pasa. Hay conflictos que tienen perjudicados, víctimas de injusticias. En realidad, esos cien días deberían ser como una olimpiada para la demagogia: una tregua, pero también un espacio para el trabajo riguroso. Quizá no sea mucho pedir para estos cien días, que quienes representan los intereses de la ciudadanía de Ferrol no miren para otro lado cada vez que algún alto representante de la Administración reitere el trágala de que el puerto exterior de Caneliñas tiene suficiente con un acceso de siete metros de ancho. Con independencia del cargo que ostente quien lo diga. Porque ya se sabe que una mentira repetida reiteradamente puede llegar a convertirse en una verdad oficial. Un peligro.