El Muíño do Vento de Fene cumple 50 años: «Viene gente de toda España a comer nuestras almejas a la plancha»

ANA F. CUBA FENE / LA VOZ

FENE

Gabriel y Estrella, los fundadores del negocio, brindan junto a sus hijos Ban y Carlos, al frente del establecimiento desde hace una década
Gabriel y Estrella, los fundadores del negocio, brindan junto a sus hijos Ban y Carlos, al frente del establecimiento desde hace una década CESAR TOIMIL

El restaurante de Magalofes, un referente, ha evolucionado de la parrilla de los orígenes a la cocina de mercado, con pescados y mariscos como seña de identidad

22 dic 2025 . Actualizado a las 09:59 h.

Todo comenzó y todo sigue en el bajo de la vivienda de Gabriel Varela (Magalofes, 84 años) y su mujer, Estrella Vázquez (A Laracha, 79 años), al calor de la parrilla, desde el 22 de diciembre de 1975. «Era un mesón de madera. Mi padre hacía el churrasco y mi madre, fuentes de raxo, tripas, callos, chorizos al vino...», recuerda José Juan, Ban, de 53 años, encargado del negocio junto a su hermano Carlos, de 59. La benjamina de la familia, Mónica, nació justo el año que abrió el Muíño do Vento y también echó una mano, pero se decantó por el funcionariado. Su padre empezó en la construcción y después entró en la Marina, «de civil, en la prisión militar de Caranza (donde estuvo Milans del Bosch), luego en el hospital de Marina y más tarde en el Naval, donde se jubiló», relata Ban. Aunque en realidad «trabajó más» en el establecimiento familiar. Compartía con su mujer el espíritu emprendedor, que han legado a sus hijos.

El nombre, convertido en referente culinario, se lo puso un operario durante las obras. «Vino un día de viento a traer material y en la factura escribió ‘muíño do vento', y como en Magalofes hay tres molinos de agua, estamos en un alto y hace bastante viento, ya le quedó», apunta Ban. «Nós criámonos todos aquí, e eu empecei a traballar con 14 anos. No 2014 xubiláronse meus pais e levamos dez anos coa sociedade [con Ban]», apunta Carlos. El mesón de los orígenes se transformó hace tiempo en un restaurante especializado en pescados y mariscos. Estrella, que vive en Magalofes desde los siete años, gobernó los fogones, y ahora son cuatro en la cocina, con el mugardés Eugenio Fernández Montero, Geno, que lleva 25 años en la casa, al frente.

La barra ocupa el espacio del antiguo mesón y el local dispone de tres comedores, con capacidad para 60 personas. Su fuerte es la cocina de mercado. «Vou comprar cada día, recollo o produto en Ferrol, pero compramos nas lonxas de Cedeira, A Coruña... sei o que compro e así o que teño que recomendar na mesa», comenta Carlos, que atiende la sala con su hermano y otro camarero. «Tamén traballamos as carnes (temos catro ou cinco), pero o 90 % da nosa carta é marisco e peixe. Todos os días hai oito peixes e oito mariscos diferentes», explica. De las recetas de su madre, conservan el rape a la cedeiresa o los callos (que preparan solo algún domingo).

Hoy, el plato estrella del Muíño do Vento son las almejas a la plancha —«vienen a comerlas de toda España, sobre todo en verano», apunta Ban—, aunque casi nadie se resiste al salpicón de bogavante, por no hablar del rodaballo, el lenguado, la lubina o el mero, según el día y el mercado. Los lunes cierran, «de toda la vida», y desde la pandemia solo dan cenas los viernes y los sábados, salvo en verano. «Mis padres trabajaban día y noche, pero por suerte la hostelería ha ido cambiando», destaca la segunda generación de esta saga de hosteleros.

Por las mesas del local que este lunes cumple 50 años (lo celebrarán con clientes y amigos) ha pasado «gente importante, políticos (de todos los partidos), deportistas, actores, cantantes...». De muchos de los comensales más populares hay fotos en las paredes del establecimiento, en ningún caso de políticos. En verano predominan los turistas y el resto del año, «por semana hai ambiente de negocios e empresas (dos arredores, desde A Coruña a Ares, Mugardos, Narón, As Pontes...), e as fins de semana, clientela familiar», señala Carlos.

La mayoría repite —«temos clientes que hai 40 anos que nos visitan, e dalgúns xa imos pola terceira xeración, viñan os avós e agora veñen eles», agradecen—, tal vez tentados por la carta de postres caseros, «todos de elaboración propia», subrayan, con delicias como el mus de queso con teja de almendras y un hilo de miel, que lleva un cuarto de siglo conquistando paladares. Otro elemento diferenciador es la bodega, con unas 600 referencias. Pero si algo distingue al Muíño do Vento es el trato y la familiaridad: «Con muchos hay relación más de amigos que de clientes». Y así llevan ya medio siglo.