Uno de los grandes ríos

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro CAFÉ SOLO

FENE

Ramón Loureiro

07 jul 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

El río de Sáa, que a pesar de su limitada profundidad y de su escasa anchura es uno de los grandes ríos del mundo, puesto que parece haber sido creado por Dios para que solamente puedan navegarlo barcos de papel o navíos hechos de sueños, empieza a ver bastante reducido su caudal estos días de julio, de manera que las truchas que lo habitan han decidido concentrarse, para hacer tertulia, en los recodos que el propio río dibuja, allí donde se remansa el agua y el paso del tiempo parece haberse detenido. A mí me gusta mucho sentarme a orillas del río de Sáa, que deja de llamarse así cuando abandona Sillobre para adentrarse en la parroquia del Divino Salvador de Fene, camino de Perlío. Me siento a leer allí donde habitan los caballitos del diablo, que son esos minúsculos seres azules que a muchos nos transportan, por arte de magia, a la infancia del niño del que descendemos todos. Leo, junto al curso del agua, el Fractal del Salón de pasos perdidos, de Andrés Trapiello, La alquimia del tiempo, de John Banville, y El plural es una lata, la monumental biografía de Benet que publica Benito Fernández.

Una yegua acastañada, casi rubia, pasta en un prado cercano, y a veces se acerca, caracoleando, atraída por los libros. Le digo que, entre página y página, me acuerdo mucho del desván de la casa en la que nací, que se ve a lo lejos, tras las copas de los árboles. Entre las sagradas ramas de un carballo, el mirlo imita la música de un cascabel. Una bandada de buchones vuela hacia el Sartego.

(En verdad el mundo, como decía Cunqueiro, «é moi fermoso e moi grande»).