Vivimos entorno a un tema que se ha puesto en el orden del día, las elecciones. El asunto no es estrictamente nuevo, pero sobre ello se habla y escribe con la sana intención de esclarecer y proyectar más luz sobre los resultados en la Mancomunidad de Municipios. En Ferrol, siguen los dos bloques antagónicos y uno sumó unos pocos refuerzos más, pero los porcentajes de votantes son similares entre la izquierda y la derecha política y el nudo esta vez, lo desató Rey Varela, En Narón continuará Marián Ferreiro porque encaja con los argumentos archivados de sus antecesores. Neda tiene una corporación con tintes de modernidad y se debe en buena parte a su alcalde. En Fene, Juventino Trigo, quiere enterrar los chorreos ideológicos en la corporación, y su seriedad toma cuerpo y forma. Mugardos fue un feudo de la izquierda, con un paréntesis para la derecha, y ahora se revuelven para que gobierne otra vez la izquierda. Luego está el cinturón rojo entre Ares, Pontedeume, Valdoviño, y Cedeira, que tienen rica experiencia e inteligencia aguda para conectar con la gente y ganar largamente. Resulta evidente determinar con estos resultados en qué coordenadas ideológicas se sitúan los electores de cada municipio dentro de la Mancomunidad
Nunca el sector industrial había visto en su inventario la creación de los mil nuevos puestos de trabajo que acaba de anunciar Navantia en Fene. La noticia se recibió con templanza, aunque para algunos será pecata minuta. Es cierto que no hubo reacciones intensas sobre la nueva buena que se esta abriendo en la zona, con la transformación de la vieja Astano, de cuya borrosa memoria sale hoy Navantia Fene, que significa obra nueva, instalaciones modernas, y futuro asegurado para mil familias que se pueden beneficiar de esta oferta. Y que también supone seguridad laboral, tanto en el ámbito de la comarca como en el del país.
En Ferrol el centro político está disminuido, mandan la derecha y la izquierda, y sin posibilidad de colocar el signo de interrogación porque el espacio esta ocupado. Se puede percibir esa situación como falta de libertad, pero las puertas están abiertas, pero no levanta vuelo. Hace años ese espacio lo representó muy bien Nona Inés Vilariño, en la Unión de Centro Democrático, y para algunos todavía aquel pasado está muy presente. Pero es débilmente aceptado —o no aceptado en absoluto— por los actuales políticos, y no es fácil cambiar las corrientes actuales dado que no le quedan argumentos justificativos.