Las patatas fritas de Xinzo de Limia que llegan a Japón

A Casa Vella triunfa con su apuesta por el mejor producto gallego


Ferrol

Seguro que se ha fijado y ha comprado más de una vez una bolsa de patatas fritas que llama la atención entre el resto en el supermercado. Su estética vintage atrae visualmente. Y su sabor engancha.

La mezcla de tres productos perfectos es la clave de A Casa Vella. Las patatas de Xinzo de Limia, sal mineral del valle de Añana y aceite de oliva virgen extra de la variante picual son los secretos de esta marca de patatas fritas nacida en Fene hace cinco años y que ahora triunfa como un verdadero producto gourmet. «Hemos tenido muy buena aceptación en el mercado y hemos notado un gran crecimiento. Empezamos vendiendo en Galicia y ahora tenemos distribución a nivel nacional, estamos en la península, Baleares y Canarias», explica el gerente, Carlos Calvo.

Calvo y su mujer Pura Rodríguez encabezan el proyecto. Él con experiencia en márketing y ella en distribución comercial. «Buscamos un producto de alimentación en Galicia al que le pudiésemos dar un valor añadido. Entendíamos que la mejor patata es la gallega y buscamos el mejor aceite y la mejor sal. Se fríen en sartén y las envasamos en la mejor bolsa, con un compuesto de tres capas que mantiene las patatas como si estuvieran hechas en el día», explica Calvo. Así nació un proyecto que no ha parado de crecer en este lustro. Pero la plaga de una polilla supuso un duro revés. Los problemas para transportar con seguridad la patata obligaron a Carlos y a Pura a trasladar la fábrica de Fene a Xinzo. «Fene era un lugar idóneo por ser un embudo de comunicación, pero nos tuvimos que ir por culpa de la polilla guatemalteca. Compramos el 100 % de nuestras patatas en Xinzo de Limia porque entendemos que es la mejor, así que nos mudamos ahí», señala Carlos. No solo destaca la calidad de esta patata, sino el trato que se le da y la receta tradicional. «La patata es cien por cien natural, no añadimos nada. Nuestra receta es patata, aceite de oliva virgen extra y, las que lo llevan, sal. Por ejemplo, un dato que llama mucho la atención es que nuestras patatas sin sal suponen el 35 % de la facturación porque al tener sabor la patata y el aceite no son insípidas», detalla el gerente. 

Al igual que las patatas, el producto principal, se miman hasta el último detalle, A Casa Vella destaca la relevancia de los otros dos componentes. «La sal del valle de Añana es la única libre de microplásticos y metales», resalta. Se trata de un producto muy preciado en la alta cocina al ser completamente pura ay que proviene de una antigua laguna de mar en navarra y es fruto de la evaporación natural de la salmuera o agua salada que surge de los manantiales. El aceite de oliva picual es el principal de la zona de Jaén y tiene un característico sabor fuerte con notas amargas.

Otro de sus signos identificativos es la estética de la bolsa, con fotografías antiguas con mucha historia. «Todas las fotografías que sacamos tienen más de cincuenta años y son de familiares y amigos. Incluso algunos clientes nos mandan emails o wasaps diciéndonos que querían poner una foto de su familiares. Nos las mandan y si encajan las hemos incorporado», explica el gerente. Al igual que el precio. «Siempre tratando de que tengan un precio asequible. Hemos puesto un producto premium, un producto gourmet al alcance de todos los consumidores», defiende.

Salto internacional

Su calidad les ha servido como carta de presentación para extender su venta por todo el país. «Se pueden encontrar en multitud de supermercados. «Estamos vendiendo en Caprabo en Cataluña, en Consum en Valencia, a nivel nacional en Alcampo, El Corte Inglés, Eroski, Gadisa, Froiz… Ahora mismo prácticamente el 50 % de nuestras ventas están fuera de Galicia», detalla Carlos. Pero ahora trabajan ya en el salto internacional. «Aunque el covid nos ha parado un poco estamos exportando a Japón y tenemos proyectos de exportación a Panamá y a Arabia Saudí. Hemos empezado a movernos internacionalmente», avanza el responsable.

Con todos estos pasos sus ventas se han disparado. «Tenemos una producción aproximada máxima de 600 kilos de patata frita en un día. El segundo año duplicamos la facturación, el tercero tuvimos un crecimiento de un 30 %, el cuarto de un 20 % y este llevamos un ritmo del 15 %», señala Carlos.

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