Bosque sagrado

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro CAFÉ SOLO

FENE

JOSE PARDO

Pues claro que ha habido algo mágico siempre, y de hecho sigue habiéndolo, en el Coto do Rei, que es la cumbre que corona los montes comunales de Marraxón, en el término municipal de Fene. Está en Santa Mariña de Sillobre, que es la primera de las parroquias de la diócesis de Santiago de Compostela, la que hace frontera con el obispado de Mondoñedo. Y desde su cumbre -una típica cumbre occidental del país gallego, amansada por la eternidad de una tierra que hunde sus brazos en el mar mientras deja que también el mar la abrace a ella- se contempla un paisaje tan hermoso que durante la puesta de sol dan ganas de aplaudirle al cielo para darle las gracias por tanta belleza, como se hacía en algunas islas griegas. Los comuneros de Sillobre, que ya han cortado los eucaliptos de sus montes para sustituirlos por árboles nobles y evitar los incendios, van a convertir el Coto do Rei en un bosque de castaños. O, por decirlo de otra manera, en un bosque sagrado. Porque siempre es sagrado el bosque en el que hay teixos, carballos o castiñeiros, árboles que vienen del fondo de las edades como verdaderos hermanos del pueblo que viajó a través de los siglos habitando la tierra junto a ellos. En lo más alto del monte, que desde la lejanía saluda a la Torre de Hércules, están los restos de un gran túmulo megalítico, en el que mucho me gusta imaginar que yació un rey que resucitó con su caballo. Y no me cabe duda alguna de que por allí siguen vagando las sombras de quienes caminaron por aquel mismo lugar cuando aún era posible leer el futuro en las estrellas. A esas sombras les gustará que los castaños vuelvan a crecer a su lado. Entre la niebla, sus almas se abrazarán a ellos.