La antigua Bazán aplicó entonces un programa de futuro ligado a las F-100
09 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Después de la varada en dique seco que llevó a los astilleros públicos a quedarse completamente paralizados y empujados al borde de la quiebra técnica, Navantia ha vuelto a la senda de la contratación, aunque aún cuenta con una gran parte de su plantilla sin trabajo que realizar y su cuenta de resultados continúa en números rojos. Hace unas semanas, el líder nacional de CC.OO., Ignacio Fernández Toxo, ponía encima de la mesa la que será una demanda constante en la central que cuenta con el mayor número de delegados en las factorías públicas del país: la puesta en marcha de un plan industrial ligado a un programa de construcción militar que despeje el futuro a medio plazo de la compañía y que implicararía el rejuvenecimiento de las plantillas.
Lejos de ser una situación inédita en los astilleros públicos, tres lustros atrás se produjo una parecida, cuando, tras haber dado el Gobierno luz verde al que entonces fue uno de los programas de construcción naval militar más ambicioso -la construcción de las fragatas F-100-, se pactó con la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) la puesta en marcha de un plan de futuro para la antigua Bazán. La medida trajo consigo la recapitalización de la empresa, la salida anticipada de alrededor de 1.100 trabajadores de más de 52 años y la convocatoria de alrededor de 300 plazas para el rejuvenecimiento de la plantilla. «Con el plan del 99 abordamos el programa de las fragatas F-100, ese producto estrella que entonces nos abrió mercados y nos permitió entrar en Australia y Noruega. Ahora estamos ante esa misma oportunidad, si lográsemos unir el plan de futuro con que se adelantase la orden de ejecución de las fragatas F-110», explica José Matesanz, responsable del sector naval en la Federación Estatal de Industria de CC.?OO.
Sin embargo, entre los planes que maneja actualmente el Ministerio de Defensa no se encuentran los de autorizar la orden de ejecución de la siguiente generación de fragatas al menos hasta el 2017. Pero para Matesanz, poder contar en estos momentos con un nuevo modelo de fragata que nuevamente pudiera situar a Navantia entre los astilleros con un modelo puntero en este tipo de navíos significaría la posibilidad de abrir de nuevo las puertas de muchos mercados.
El rejuvenecimiento de las plantillas es otra de las demandas que viene acentuándose en los últimos meses, ya que hay algunos centros de trabajo, como el astillero de Fene y el de Cádiz, en el que la media de edad ronda los 59 años. Navantia admite que tiene encima de la mesa un estudio sobre la situación de su cuadro de personal, aunque por el momento no se han dado pasos en ese sentido. Los posibles ajustes laborales ya han calado entre las plantillas, aunque aún resta por despejar si ese demandado plan industrial verá la luz en este mandato.