Causan destrozos en el interior de un edificio nuevo, sin habitar, en Cedeira

Vecinos, padres y Concello denuncian que el inmueble, al que acceden menores, se usa para trapicheo de drogas y botellón, y alertan del riesgo de accidente e incendio


CEDEIRA / LA VOZ

Durante las fiestas patronales de Cedeira, una joven de 14 o 15 años estuvo a punto de caerse del tejado de uno de los bloques de un edificio de cinco alturas de la calle Convento, situado frente al auditorio municipal. Esta chica había accedido a la techumbre desde la azotea. «Foi unha experiencia terrible», resume la madre de otra adolescente. Este episodio hizo saltar las alarmas. El inmueble en el que estaba consta de seis bloques acabados (con licencia de primera ocupación de 2012), cuatro con algún piso habitado y dos, el cuatro y el seis, vacíos, como indica el presidente de la comunidad de propietarios, José Luis Pérez Cribeiro.

«Primero entraron al bloque 6, eran okupas que estaban viviendo allí, vino la Policía Local, era gente del pueblo y se fueron. Y desde hace unos meses entraron en el cuatro. Al principio vino gente más mayor, que reventó todo, pero ahora están empezando a entrar niños de 12, 13, 14 y 15 años, que no saben ni siquiera el peligro que corren», sostiene Pérez Cribeiro, que ha denunciado la situación a la Guardia Civil. «Mi intención era tapiar la entrada, a título personal, pero me dijeron que no puedo porque es una propiedad privada», abunda.

Una joven estuvo a punto de caerse del tejado de un bloque de cinco alturas durante las fiestas

«O Banco Sabadell di que o edificio aínda é propiedade do promotor, pero no Concello, os recibos do IBI [contribución urbana], veñen a nome da Sareb [la sociedad de gestión de activos procedentes de la reestructuración bancaria, conocida como banco malo], que, por certo, acumula unha débeda duns 170.000 euros co Concello [por impago de tasas e impuestos de unos 40 pisos]», señala el alcalde, el socialista Pablo Moreda. Asegura que «Policía Local e Garda Civil xa fixeron varios partes do estado do inmoble» y anuncia «vixilancia continua». Coincide con padres y vecinos en que el edificio se usa para trapicheo de drogas y botellón. Los desperfectos causados son cuantiosos. Hay tramos del pasamanos y cables arrancados, igual que videoporteros y cerraduras, puertas y marcos desvencijados, y cristales rotos, igual que el ascensor, con peligro de que alguien se precipite por el hueco. Desde la entrada hasta el último piso hay papeles, vasos, latas y botellas esparcidos por el suelo, pintadas y muescas en las paredes, y hasta una sartén (junto a un paquete de salchichas vacío) en la que habrían cocinado, prendiendo fuego sobre la tarima flotante de una habitación.

«Sei que hai pais de nenos que van alí habitualmente e eles non o saben [...], os nenos que están entrando agora non foron os que fixeron os destrozos, pero se un día vai a Garda Civil e están alí, vai ser un problema para eles e para os pais, porque os van responsabilizar dos danos [...]. Saltan polos balcóns da parte de atrás, é un perigo, e hai que tomar medidas, non debemos esperar a que se faga dano un neno ou algo peor», incide una madre.

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