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Cariño suspende la romería de San Xiao y decreta tres días de luto por la muerte del párroco, don Paco
CARIÑO
El viveirense Francisco Gómez García llevaba 45 años de sacerdote en Cariño y también atendía las parroquias de Mera de Abaixo y Mera de Arriba, y San Adrián, en Ortigueira
30 ene 2026 . Actualizado a las 13:42 h.El fallecimiento de Francisco Gómez García, don Paco, párroco de Cariño desde hace 45 años, ha llevado al Concello a suspender los actos festivos de la romería de San Xiao, mañana (se celebra el último sábado del mes de enero), y a decretar tres días de luto, «pola fonda tristura e respecto que a veciñanza lle profesaba á súa persoa, obra e dedicación ao servizo da comunidade e da parroquia», según informan en las redes sociales del Ayuntamiento. Fuentes de la parroquia indican que se oficiará la misa en la capilla de San Xiao, en memoria de don Paco. Los trabajadores municipales también han cancelado las caceroladas previstas para esta mañana, dentro de las movilizaciones en demanda de la RPT.
Gómez García nació en Viveiro en 1942 y recaló en Cariño en 1981. En 2018, la parroquia le rindió homenaje por las bodas de oro, al cumplir 50 años de sacerdocio, y le obsequió con una imagen de la Virgen, además de celebrar una comida en el restaurante La Ría, en Mera. El pasado fin de semana aún ofició misa, pese a su mal estado de salud. Tenía 83 años y no pensaba en jubilarse. «Solo pensaba en trabajar, no en llevar una vida más tranquila y más acorde a su edad», destacan personas cercanas.
«Don Paco soubo gañarse o respecto e o cariño de todos, a través da súa sinxeleza e da súa permanente disposición a axudar a quen o necesitase. A súa perda deixa un fondo baleiro nas nosas rúas e na nosa historia local», subrayan desde el Concello. Javier Colorado, presidente de Cáritas en Cariño, se refiere a don Paco como «una persona bondadosa y muy generosa, que ayudaba, muchas veces sin decir nada, sin que nadie más lo supiera». Alude a su colaboración cuando comenzó la invasión de Ucrania y empezaron a llegar familias de este país a Cariño: «Nos cedió todos los locales (para el ropero y para almacenar víveres y otro tipo de ayuda) y preparó la casa que había hecho detrás de la iglesia para poder acogerles».
Hace 45 años que recaló en la parroquia de San Bartolo, en Cariño, cuando aún pertenecía al municipio de Ortigueira. También se ocupaba de las parroquias de Santiago y Santa María de Mera, y San Adrián de Veiga, las tres en el concello ortigueirés. El funeral tendrá lugar el sábado, a las cuatro de la tarde, en la iglesia parroquial de Cariño, donde quedará instalado el féretro a partir de las 16 horas, y será enterrado en el cementerio parroquial. Don Paco bautizó y casó «a medio pueblo de Cariño» y hoy muchos vecinos sienten su pérdida.
Su primer destino, recién ordenado, fue la parroquia de A Lagoa, en A Pastoriza, según cuenta Antonio Rodríguez Basanta, delegado diocesano de Clero. «Era una persona sensible, muy concienciada con el tema y los problemas del mar, los marineros y los pescadores; y en la zona de montaña, pese a ser un hombre de mar, se integró totalmente en el mundo rural más ancestral, y empezó a promocionar la agricultura y la ganadería desde la granja de la familia con la que vivía», relata. Donde estuvo, subraya, «siempre aportó e innovó».
Del interior regresó a la costa, ya para quedarse. «En Cariño volvió a su salsa, el mundo del mar, y una de las primeras acciones fue montar una guardería para los hijos de los pescadores, que él mismo gestionó varios años. Sintonizaba con los pescadores y las fábricas de conservas, y las mujeres que trabajaban allí, estaba muy concienciado y vivía y sufría todos los problemas de la pesca, en un puerto que vino a menos (como otros de la zona), algo de lo que se lamentaba», señala.
Rodríguez Basanta, que reconoce el aprecio mutuo que se profesaban, incide en «el carácter inquieto y trabajador de don Paco, que sintonizaba con todo lo diocesano: Manos Unidas, Cáritas, las reuniones... siempre participaba, aunque tuviera que conducir (ya mayor y con achaques) y se le dijera que no lo hiciera, por su seguridad; era un hombre trabajador, responsable y exigente, primero consigo mismo, y después también con los demás». «De ahí que —recalca—, cuando Paco exigía algo, le escuchábamos, no era por decir».