El próximo 22 de mayo, como cada martes después de Pentecostés celebramos en Ares El Voto de Chanteiro, esta fiesta religiosa surge a principios del siglo XV, tras una epidemia de peste que dejó el rastro de la muerte en la hoy conocida como comarca de Ferrolterra. Por aquel entonces, la Ermita de la Merced de Chanteiro, a quien las autoridades hicieron voto, dependía del convento Franciscano de Montefaro; la peste remitió y el voto quedó instaurado, y cuenta la leyenda, que el lunes de Pascua de 1404 los vecinos fueron a pedirle a la Virgen que los librara de la peste que amenazaba la comarca, los devotos midieron el templo con las velas que iluminaban la iglesia y todos los cirios que necesitaron pesaban un total de seis libras; si la Virgen los salvaba de la enfermedad, cada año le ofrecerían esa cantidad de velas.
El magistrado de Ferrol, presidía la peregrinación acompañado por los párrocos de Ferrol y un miembro de cada familia, entonces la comitiva ponía rumbo a Mugardos por mar donde eran recibidos por las autoridades de la Real Villa y juntos se dirigían hacia Ares, donde a su vez las autoridades aresanas hacían lo propio y todos se dirigían a la Ermita de la Merced. Ante la Virgen, se celebraba el acto litúrgico y una vez concluido, se le ofrendaba con un canastillo de flores que sería conocido como Flor de Chanteiro y con las seis libras de cera pertinentes. Abandonada la Ermita por los Franciscanos de Montefaro, el 31 de diciembre de 1839, y tras algún que otro roce sobre que cruces parroquiales debían preceder la ofrenda, ya que Ares peregrinaba el mismo día, se conmutó el Voto de Chanteiro a Ferrol, y se celebró en la Iglesia del Socorro hasta la mitad del siglo XIX. Tras la Desamortización de Mendizábal, Ares estuvo casi 120 años sin celebrar la ofrenda, tradición que no se recuperó hasta 1954 y que se perdió de nuevo en los años 80, aunque solo en su representación religiosa, ya que los romeros acudían igualmente a la cita que se había convertido en una amalgama de fe, fiesta y tradición, así pues, la fiesta se volvió a instaurar y a día de hoy propios y extraños cumplen con la tradición de peregrinar y refugiarse bajo el manto de nuestra Virgen de la Merced, Madre de Dios de Chanteiro.