Agosto

Nona I. Vilariño MI BITÁCORA

A CAPELA

Agosto es tiempo de nostalgia de mi querida A Capela. Allí están mis raíces y allí viví veranos de experiencias múltiples, como el descubrimiento de As Fragas o de las verbenas populares, en las que, Los Satélites del inolvidable Pucho Boedo, congregaban a vecinos y veraneantes con la misma pasión que hoy lo hacen nuestras orquestas. Entonces, la montaña, como llamaban en Ferrol a A Capela, era lugar recomendado para respirar aire limpio y vivir unas vacaciones de maravillosa y plácida rutina. Nada era comparable en mi agenda vacacional con aquellos días en los que mi familia se esforzaba en conseguir que ganase unos kilos (que, entonces, sí necesitaba) para afrontar el duro invierno. En esa nostalgia hay, también, un lugar entrañable para los amigos (alguno algo más que amigo) a los que nunca olvidé por mucho que se alejasen nuestras trayectorias personales.

Mi agosto de hoy, es, además y sobre todo, momento de encuentro. Familiar, en primer lugar. Porque mi hija y su familia pasan aquí la mayor parte de sus vacaciones. Y su testimonio de amor por Ferrol (reconozco que cultivado por la mater) se hace visible en la arena de San Xurzo, en el mercado o en las calles de la ciudad, que reciben la huella de estos y otros ferrolanos ausentes, como semilla de presencias futuras, si la fuerza de su arraigo consigue el milagro. Y, en este tan personal relato, quiero hacer un hueco para agradecer tantas sonrisas y tanto afecto para mis cuatro maravillosos nietos, que viven como adolescentes y jóvenes de su tiempo y con enorme respeto y cariño por sus raíces, único realmente valioso que se puede transmitir.

Gracias Clara. Gracias, Alfonso. Que nada ni nadie arruine el empeño constante en hacer de vuestro hogar ferrolano lugar de acogida para toda esta extensa familia.