García Amor

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro CAFÉ SOLO

FERROL

CÉSAR TOIMIL

15 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

A veces los territorios literarios se corresponden muy fielmente con lo que aparece —eso sí, por lo que atañe al envés— en los mapas. Sin ir más lejos, basta con contemplar la ría de Ferrol desde lo más alto de la Tierra de Escandoi —preferentemente desde el Coto do Rei, en Marraxón, donde tan hermoso es ver marchar el sol cuando quiere desaparecer tras el horizonte atlántico— para tomar conciencia de que en esa costa, que como decía Antonio Tabucchi es donde Europa comienza, empieza también la Última de Todas las Bretañas Posibles: esta Galicia do Norte nuestra que se extiende, hacia el este, hasta la desembocadura del Eo, y que tiene su corazón en la Terra Chá luguesa.

Es un territorio que conocía muy bien don Uxío García Amor (Trabada, 1928 - Vilalba, 2025), que estudió Filosofía, Teología y Ciencias Bíblicas en Roma; que estuvo al frente de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, en calidad de administrador diocesano, en el período comprendido entre los pontificados de Araúxo Iglesias y Gea Escolano; que fue nombrado prelado de honor del papa; que brilló en ámbitos como los de la poesía y la música —dirigió, en estrecha colaboración con José Manuel Couce Fraguela, la Coral Polifónica Ferrolana— y que, por encima de cualquier otra cosa, siempre quiso ser un cural rural, un cura de aldea.

García Amor ya tenía, en este mundo, una bien ganada fama de santidad, como antaño la tuvo, también, el ferrolano don Gabriel Pita da Veiga. Y su marcha al otro lado del río hace que hoy se le recuerde como lo que en verdad fue: un santo verdadero. Era un gallego excepcional. ¡Cuánto se le echa de menos...!