Renunciar o cavar

José Picado DE GUARISNAIS

FERROL

07 nov 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Antonio Guterres no pasa por ser apocalíptico ni catastrofista. Sin embargo nuestro vecino portugués, secretario general de la ONU, escribió la sentencia por la que se recordará la cumbre de Glasgow: «Estamos cavando nuestra tumba». Sin aspavientos y sin levantar la voz, como acostumbra, pero cargado de datos y evidencias empíricas, Antonio Guterres aportó al plenario infinidad de razones por las que la humanidad tiene que dar un golpe de timón de 180 grados. Las emisiones de CO2, el calentamiento global, la contaminación del aire, el consumo desaforado de primeras materias, la escasez de agua y otros recursos, convierten nuestra sociedad consumista en una amenaza real contra el planeta y contra nosotros mismos.

Cavamos nuestra tumba si seguimos quemando enormes cantidades de gas, petróleo y carbón y no las sustituimos por energías limpias. Lo hacemos para movernos a más distancia en menos tiempo, en avión. Lo hacemos porque queremos hogares confortables, calientes en invierno y refrigerados en verano. Necesitamos que se conserven en buenas condiciones los alimentos que comemos, aunque vengan de otra parte del mundo por muy lejana que sea. Y queremos vestirnos «a la moda», decorar nuestras casas con el estilo «que se lleva» y disfrutar de nuestro ocio con viajes, menús supercalóricos y cervezas heladas aunque estemos en medio de la nada. Cambiar todo eso supone renunciar, al menos en parte, a los hábitos adquiridos en nuestro mundo de la abundancia. ¿Estamos dispuestos?

La encuesta del Instituto 40dB afirma que más del 60 % de los españoles apoyan el fin de las ventas de automóviles de gasolina y diésel. El 72 % optaría por prohibir los viajes cortos en avión cuando exista un tren alternativo. Cerca del 90 % cree que es el momento de combatir el cambio climático y el 68 % aprueba la subida de impuestos para las actividades más contaminantes y emisoras de gases de efecto invernadero. Un 75 % apoya la implantación de zonas de bajas emisiones en las ciudades de más de 50.000 habitantes; recordemos que Ferrol está en este grupo de las 149 ciudades españolas que han de tomar medidas antes de 2023. La mayoría se muestran favorables a poner menos el aire acondicionado o bajar unos grados la calefacción; mejorar el aislamiento de las viviendas; consumir productos locales, ecológicos y de temporada; reciclar más y mejor e incluso reducir el consumo de carne, aunque al presidente Sánchez le parezca imbatible comerse un chuletón al punto.