Normalidad

Antía Urgorri Serantes
Antía Urgorri EL ACUARIO

FERROL

Hacía mucho calor. Mucho. Por lo menos 30 grados. Las gotas caían por la frente. La playa se presentaba como la mejor de las opciones. Charlar, bañarse o dar un paseo. Lo puso en el Whatsapp y se apuntaron casi todos los del grupo. Quedaron a las cinco en la playa de Cabanas.

Si la tarde sobre la toalla se alargaba, y se hacía tarde, siempre quedaba la posibilidad de tomarse una hamburguesa en uno de los chiringuitos de la playa. Y seguir conversando y arreglando el mundo hasta que oscureciese.

No había prisa. Ya era casi verano. Las clases habían prácticamente terminado y las notas no habían sido del todo malas. «No llegar demasiado tarde», se repitió para ella, recordando que mañana, domingo, había comida familiar, a la que acudirían sus abuelos, ambos ya vacunados.

Después de leer varios de los wasaps del grupo, se sentó sobre el sillón y pensó que aquello que iba a vivir esa tarde era lo más parecido a la «normalidad» que recordaba antes de la pandemia. Habían quedado sin más, sin preguntarse si aquel plan que había ideado era viable con las restricciones del momento, y eso que, aún las había.

Sonrió pensando en que los domingos volvían a ser día de comida familiar y en que no hubiese que mirar el reloj cada atardecer para cumplir el toque de queda.

A la cabeza le vinieron miles de recuerdos de los meses pasados, pero los apartó de su cabeza de un plumazo. Cogió su bolsa de playa, las gafas de sol y se ajustó la mascarilla. Metió otra de repuesto en el bolso. Y pensó en lo mucho que había aprendido de todo aquello, y se propuso saborear esa tarde al máximo.