Volar tan lejos


José María Merino, que además de ser uno de los más grandes autores de las letras españolas es, también, un leonés nacido en A Coruña y un gran amigo de Ferrol y de la obra de Torrente Ballester, acaba de publicar A través del Quijote, un maravilloso libro en el que rinde un brillante homenaje a Cervantes y a los artistas que iluminaron el universo del Ingenioso Hidalgo. Admiro mucho a Merino, con quien por cierto coincidí la semana pasada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, durante el encuentro que sirvió para rendir tributo al periodismo literario español, con Julio Camba como telón de fondo. Merino es uno de esos escritores -como Luis Mateo Díez, como Julio Llamazares, como nuestro tan recordado y añorado Antonio Pereira...- a los que el cielo les ha regalado la extraña magia que permite convertir en realidad, a través de los libros, todo cuanto ellos han soñado. Un milagro que también puede darse en otras artes, claro. Sin ir más lejos, en el cine, y sirva en este caso el ejemplo de Gutiérrez Aragón, que además escribe muy bien y que al igual que Merino es, por cierto, académico de número de la Real Academia Española. Algunos, como fieles devotos de la ensoñación, siempre estaremos en deuda con la literatura y con el cine. Leer un gran libro, ya sea en el silencio de la madrugada o en medio del ajetreo de un café, o ver una gran película -para mi gusto particular, preferentemente en una pantalla grande-, es una buena manera de hacer que el mundo resulte más habitable. Y menos mal. Porque otro tipo de milagros, y en especial volar, solo unas cuantas personas, como la atleta Ana Peleteiro -la gran Ana Peleteiro-, los tienen a su alcance.

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