Nadal para siempre


Rafael Nadal (siempre será Rafa, porque, sin estar físicamente presente en nuestras vidas, nos ofrece, como los auténticos amigos, motivos para reconciliarnos con el mundo) una vez más nos demostró que se puede alcanzar la gloria desde la normalidad; merecer el respeto de los adversarios; ser referente para la inmensa mayoría de los españoles por cómo gana y cómo pierde. Y también por su capacidad de superación, por la fortaleza de su mente, por la sencillez y profundidad de sus palabras en cualquier circunstancia. Siempre hay algo en lo que dice que nos invita a reflexionar sobre lo que verdaderamente importa… o a creer que todo es posible si al trabajo se une la fe en uno mismo.

Nadal no necesita ser políticamente correcto para que sus mensajes lleguen, para quedarse, al corazón de millones de españoles, a los que se nos llenan los ojos de lágrimas, como a él, cuando suena nuestro himno o la bandera vuela bajo el cielo de las pistas, sujeta al mástil, sin alejarse de la tierra. Igual que nuestro Rafa que jamás mira a los demás desde su particular podio de gloria. Es un gran hombre, con sonrisa y mirada limpias del polvo de la soberbia, con el encanto que, escondido en el rincón más íntimo de su corazón, lo hace vulnerable a la ternura y lo convierte en ese chico al que te atreves a decirle que lo quieres, porque es y será para siempre el compendio de lo mejor de una sociedad que, en ámbitos de «actividades» que exigen excelencia, habita en la mediocridad…

Gracias Rafael Nadal Parera, por tus éxitos, pero sobre todo por la normalidad con la que vives la gloria.

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