Los nuevos responsables de La Bola de Oro reabren sus puertas arropados por el calor de los ferrolanos y el cariño de los antiguos propietarios
02 nov 2018 . Actualizado a las 10:44 h.La anhelada y esperadísima apertura estaba anunciada para las cuatro de la tarde de ayer, pero desde primeras horas de la mañana ya hubo clientes que asomaron la nariz por la puerta con el deseo de catar de nuevo, y tras seis largos meses de ausencia, los deliciosos churros y el chocolate de La Bola de Oro. «A las nueve de la mañana, cuando llegamos, ya había un señor esperando para desayunar», comentaba poco antes del «reestreno» algo nerviosa pero muy sonriente Elia Alonso.
Esta joven ferrolana, junto a su marido, Sergio Barcia, y su cuñada, Fany Barcia, acaba de cumplir un sueño que llevaba acariciando varias semanas: reabrir las puertas de la mítica chocolatería de la calle María y emprender así una aventura que espera que dure muchos años. «Sabemos que las comparaciones van a ser inevitables, pero vamos a poner todo nuestro empeño para que La Bola de Oro siga siendo La Bola de Oro, porque esto no solo es una chocolatería, sino que es toda una institución en esta ciudad», apostillaba Sergio con el delantal ya puesto y listo para enfrentarse a la freidora.
Las «comparaciones» a las que aludía el nuevo churrero del local se referían a los antiguos responsables, Rafael López Lacámara y Begoña Martínez Paz, quienes durante las últimas tres décadas comandaron sin descanso y con muchísima dedicación un negocio fundado por los padres de él en 1946. «Rafa y Begoña han dejado el pabellón muy alto y ahora nosotros solo esperamos hacerlo igual de bien. Ese es nuestro reto», comenta ilusionada Elia.
Para conseguirlo, a la nueva pareja que dirige La Bola de Oro no le faltarán al menos los buenos consejos de los anteriores responsables. Aunque la jubilación de Lacámara llevó al matrimonio a despedirse de la chocolatería a finales del pasado mes de abril, ni él ni su mujer han tenido problema en volver a su antiguo feudo para enseñar a los nuevos emprendedores los entresijos del negocio.
Rafa hasta ha pedido un permiso especial para poder volver a colgarse el delantal durante un mes y enseñar a Sergio los secretos de los churros, que deben ser preparados siempre con harina y aceite de oliva de «primerísima calidad», mientras que Begoña se ha esforzado en transmitir a Elia y Fany que lo más importante para que el negocio funcione son tres ingredientes, que aunque no se pueden palpar, nunca deben escasear. «Este trabajo requiere cariño, dedicación y mucha humildad», revela sonriente.
Con el local hasta los topes, todos ellos pudieron certifican este jueves festivo que La Bola de Oro no es solo una chocolatería, sino una «institución» a la que Elia y Sergio ya sienten como su «segunda casa».
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