La irresponsabilidad al poder


D esde el primer momento, muchos tuvimos claro que Quinn Torra, presidente de la Generalitat de Cataluña, era un hombre de paja, puesto ahí por el dedo absolutista de Puigdemont, pero también creíamos que podría ser útil para restaurar puentes de comunicación con el Estado. Bajo la apariencia de un hombre apocado, sin presencia ni oratoria, por muy muñeco de guiñol que fuese del gran profeta de Waterloo, pensábamos que podía esconderse una persona práctica y realista que ayudase a reconducir la situación esperpéntica que se vive en Cataluña. Pero no, este personaje es un mal añadido a todo lo que ya había. La solución al problema catalán tiene que ser política. Pero no podrá venir de la mano de políticos como este, que, además de estar ahí por delegación, está lleno de odio, rencor y frustraciones. Es imposible. Y lo digo con pena, porque hubiera sido mucho más positivo para todos que viniese a reconstruir, no a dinamitar aún más la situación.

Personalmente perdí toda esperanza después de molestarme en leer algunos de sus tuits (otros ya han sido borrados) y de buscar algunas declaraciones suyas en Internet. En estos días de calor, sin ganas de dedicarme a cuestiones de más enjundia, traté de recopilar información fiable sobre este personaje que ejerce como presidente suplente del fugado Puigdemont. Pero me encontré con lo que se encontró Pedro Sánchez cuando dijo de Torra que era un xenófobo y un supremacista. ¿Cómo se puede interpretar, si no, este texto escrito por su propia mano cuando era presidente de Ómnium Cultural?: «El coeficiente de inteligencia de un espanyol y un catalán según las estadísticas publicadas por el Ministerio de Educación y Ciencia espanyol da una clara ventaja a los catalanes. La progresiva degradación racial espanyola puede contagiarse a los catalanes debido a la fuerte inmigración, los frutos se pueden ver si observamos la diferencia caracteriológica entre el hombre del campo, no contaminado por el linaje espanyol, y el de las ciudades. El carácter trabajador y europeo del catalán es un factor anímico bien contrario al gandul y pro-africano español».

Por todo esto tenemos que considerar que la configuración racial catalana es más puramente blanca que la espanyola y por tanto el catalán es superior al espanyol en el aspecto racial.

Hasta ahora pensaba que el problema catalán tiene que resolverse por medios políticos, no sólo judiciales. Pero con un interlocutor como este sujeto racista y supremacista va a ser imposible dar un paso en sentido positivo. Con esto último de que «hay que atacar al Estado», ha dejado de manifiesto que lo único que pretende es sumar su voz a la de quienes a lo largo de la historia se han dedicado a alimentar la Leyenda Negra de España: que si la Inquisición, que si la intolerancia de los españoles, su obsesión enfermiza por exterminar indios y traficar con esclavos… Los mismos que se niegan a aceptar que España es hoy un país tan democrático como cualquiera de su entorno, mucho más descentralizado y más abierto de costumbres que la mayoría de sus vecinos de Europa.

Lo de este hombre, de aspecto frailuno y sonrisa falsa, que alecciona a mitad de los catalanes a «luchar contra el Estado», al que él mismo representa en Cataluña, es realmente preocupante. Alguien con tan poco sentido común y con tan alto grado de irresponsabilidad donde tendría que estar es en su casa para tranquilidad de todos los españoles.

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