Muchos negocios cierran por la tarde o más horas al mediodía, frente a otros que incluso trabajan más
27 jun 2018 . Actualizado a las 05:00 h.A pesar de que el buen tiempo llegó con retraso hace semanas que en algunos comercios cuelgan los nuevos horarios para el verano. En el centro la mayoría apuesta por alargar el descanso del mediodía, pero también hay muchos establecimientos que se lanzan a la piscina y cierran toda la tarde desde las tres, incluso inmobiliarias cercanas al campus y con oferta para los estudiantes que llegan desde otras ciudades.
Los comerciantes que defienden este plan apelan a la experiencia de otros veranos. Incluso establecen alianzas con otros tenderos de la zona, como sucede en Catabois: «Ya lo tenemos hablado y desde el 21 de junio al 21 de septiembre por la tarde no estamos hasta las seis y media, aunque después cerremos a las nueve o más tarde, porque la gente nunca tiene prisa», cuenta Ana María Corral, que regenta una tienda de ropa y material deportivo, Top Sport, en la que las ventas no han ido muy bien el último mes.
Aún así, tanto ella, como la tienda vecina y de regalos Vagalume, así como una peluquería cercana, la de Ana Medín, y otra de decoración aseguran que llegaron a este acuerdo tras pasar muchos agostos esperando en vano clientes desde las cinco de la tarde: «Es que la gente se va a la playa y después viene sin prisas a partir de las siete», alegan los responsables de unos negocios que abren las mismas horas.
Mientras que en el barrio de Ultramar son mayoría los comercios que recortan el horario en cuanto suben las temperaturas. Incluso aquellos que llevan poco tiempo operativos, como es el caso de la taberna Yacuza de la calle Nueva de Caranza: «Desde que abrimos hace un año estamos adaptando el horario a los clientes, vamos cambiando, pero hay que reconocer que a partir de las cuatro de la tarde ya no hay un alma por Ultramar», precisa Andrea Sangrados.
Casi todos los bares cerrados
Tanto Andrea, como su socio Rubén Vázquez llegaron al acuerdo de hacer un descanso cada tarde, sobre todo porque todos los bares menos uno del barrio bajan la persiana desde poco después de las cuatro de la tarde y reabren para la cena. Susana Torres es otra comerciante que llegó hace poco a la calle Sartaña, donde lleva una tienda de regalos que ha bautizado como Mis talismanes. «Este es mi segundo verano y lo tengo claro, con una hora menos se hace lo mismo: así que cada tarde abro de seis a ocho y media de la tarde -cuenta-. No tiene sentido otra cosa».
Sin embargo, hay comercios que hacen todo lo contrario e incluso incorporan refuerzos de cara los meses del buen tiempo, como el salón Marina Allegue.