Carbón y nieve


Está aquí, a mi lado, el nuevo libro de Eduardo Fra Molinero, que como Alonso Montero diría «será a miña lectura desta noite». El libro tiene un título especialmente hermoso, De carbón y nieve, y nada más abrirlo por su primera página, en la que se relata un drama que estremecería a cualquiera, ya veo que está escrito con esa maestría en el uso de la lengua que es seña de identidad de todos los escritores leoneses. Fra nació en Ponferrada en el año 1946, y es, por lo tanto, del Bierzo. Como lo era mi gran amigo Antonio Pereira -que había nacido en Villafranca, concretamente-, sin duda uno de los grandes maestros del cuento en lengua castellana y, lo que es más importante aún, una de las mejores personas que he conocido. Que nadie se me enfade, y no nos perdamos en cuestiones de fronteras, pero a mí los escritores del Bierzo (ya sea Eduardo Fra, que decidió quedarse en Ferrolterra para siempre tras haber enseñado durante años en el instituto Concepción Arenal, donde era muy respetado y muy querido; o el propio Antonio Pereira, a quien las piedras del pazo de Fefiñáns, en Cambados, le inspiraron un libro entero, y que además le soñó el tren a Mondoñedo) siempre me han parecido, además de leoneses, narradores gallegos. «No me gusta pensar en la muerte. Y si alguna vez tengo que pensar en ella, envidio a la lengua de Galicia, que al momento de morir lo llama, con hermosura, o pasamento», me dijo un día Antonio. Disculpen la emoción. Quienes tuvimos la suerte, en un tiempo que ya no existe, de ser alumnos de Fra en el instituto, sabemos bien que contar es un destino, y que la literatura da mejor idea que los mapas de la verdadera grandeza de los países.

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