Con la presencia del vicepresidente y conselleiro de Justicia de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda, en la negociación colectiva de sus funcionarios, la contumacia en este problema laboral se ha prolongado de forma alarmante, y piensan algunos que debe ser incluida en el libro de Guiness, y con resultado favorable a los intereses económicos de la Xunta. Mientras sus negociadores cobraron, no pagó a miles de huelguistas que van a tres meses sin un euro, y también se beneficia de no pagar prestaciones o diferencias salariales hasta que haya sentencias. También siguen esperando a cobrar los trabajadores que han perdido su puesto de trabajo en otras empresas, hasta la sentencia firme, y no digamos lo que está pasando con los remolinos de los matrimonios, pues durante este período se han suspendido, nada menos con 15.000 juicios, sin argumentos lógicos ni líricos.
La cutre-política de la Xunta para con sus trabajadores, que piden un aumento salarial de 140 euros en subida lineal a todos, para alcanzar el nivel de otras comunidades, y la mala negociación por su parte, nos lleva a pensar que, a partir de ahora, su presidente no seguirá contándonos más historias de amor y desamor con su gente, pues parece que le interesa el deterioro público de la Justicia, quizás para privatizarla. Como cuando enseñó la patita con lo que quiso hacer con el Registro Civil, y logró con distintos procedimientos de jurisdicción voluntaria. Y lo peor será cuando esto acabe, para recuperar el tiempo perdido en este conflicto, se verán obligados a contratar interinos o pagar a sus funcionarios las horas que precisen para poner al día la Justicia.
En fin, Xunta y sindicatos trajeron a la población gallega en vilo durante un tiempo demasiado largo, los representantes de los trabajadores agitaron sus fuerzas, mientras los gobernantes confundieron el poder ejecutivo con el ejecutor, desde un principio el vicepresidente que no iba a tolerar desafíos a su posición de referencia -no negociaré mientras haya huelga- tuvo que envainarla, colocando a la Xunta víctima de su vicepresidente, y dando combustible social a los representantes de los trabajadores, que a pesar de todo supieron esperar aquella frase de Napoleón. Cuando el enemigo se equivoca, no hay que distraerlo.