San Valentín, un barrio que resurge

Después de años de caída demográfica, empiezan a asentarse familias de jóvenes


FENE / la voz

Astano es historia. Y el San Valentín bullicioso de los tiempos anteriores a la reconversión del naval también, al menos de momento. Con todo, tras años marcados por la paulatina caída demográfica y, sobre todo, por el envejecimiento de la población, el barrio fenés, construido en la primera mitad de los setenta para acoger a los trabajadores del astillero, parece recuperar el pulso. Vecinos y negocios hablan de la incipiente llegada de familias jóvenes y con hijos. Un proceso que, no obstante, avanza lento.

Un paseo por el barrio, en el que cualquier referencia espacial lleva aparejada la palabra bloque -hay 16- o torre - hay cinco-, permite apreciar la realidad del lugar. Indudablemente abundan las personas mayores aunque, lo cierto es que, fuera del horario escolar, los dos parques infantiles, especialmente el de A Xunqueira, se encuentran siempre poblados. Y es que, «desde la construcción de la urbanización donde está Mercadona, comienzan a verse más familias jóvenes», afirma la presidenta del CPS San Valentín, Ana Basoa.

Nuevos vecinos

Opinión que corrobora María Sanmartín, desde detrás del mostrador de la librería que lleva su apellido, fundada por sus padres en los orígenes del barrio: «aquí la mayoría de la población supera los 65, pero la verdad es que poco a poco, se empieza a notar que hay más niños». Por su parte, Carlos Rodríguez, vecino de toda la vida y uno de tantos empleados del astillero que en 1984 se quedó en la calle y se vio obligado a empezar de nuevo, opina a sus 77 años, que la falta empleo en la comarca hizo que el barrio perdiera varias generaciones de jóvenes. Aunque ahora, algunos de esos jóvenes figuran entre los pobladores de las urbanizaciones anexas al barrio setentero.

Servicios y precios

Destacan el potencial de la zona, que todos coinciden en definir como «segura y muy tranquila», así como el nivel de servicios existente. «La reconversión supuso el cierre de muchos comercios», detalla Sanmartín. «Al principio, casi todos los bajos eran negocios. Y hoy se ven garajes y no faltan los locales vacíos que cuelgan el cartel de ‘se vende’». Y pese a todo, la oferta comercial sigue siendo aceptable.

«Perdimos hace años el médico, pero por lo demás tenemos de todo». Colegio, parques, el pabellón, el paseo, los Servicios Sociales, farmacia o el banco, cuya marcha frenó en seco la presión de vecinos y del Concello. Además, y todavía como auténtico motor económico, está el Economato laboral, que trae a gente de toda Ferrolterra; lo que beneficia al resto de negocios del lugar.

Y un último factor para el repunte, el precio. Y es que, como apunta el edil César Castro, los pisos son más asequibles que en otros puntos de la comarca e incluso del propio municipio.

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