La tensión se instala en Recimil

El último suceso vuelve a poner a las casas baratas en el punto de mira de la conflictividad


Ferrol

230 metros. Es la distancia que separa la Comisaría de la Policía Nacional y el número 3 de la calle Euzkadi, donde el miércoles se produjo el altercado que, sobre las ocho de la tarde, revolucionó el barrio. En Recimil, en las casas baratas, como las llaman todos los vecinos, se ha instalado la tensión. Las peleas entre familias, la okupación y las drogas no paran de carcomerlo a diario. Los hay que aseguran que viven tranquilos, pero la mayoría, sobre todo los que habitan las zonas más conflictivas, no lo están.

Cuando La Voz recorrió sus calles hace apenas veinte días, Jorge Antonio Pérez se encontraba asomado en la ventana del bajo del edificio protagonista, precisamente, del último suceso. Entonces exclamó que «¡quién vio esto y quién lo ve ahora!». En el otro bajo viven Matilde Conchado, su maridos y sus dos hijas, que el miércoles llegaron cuando la policía ya había cortado la avenida. «No estábamos aquí en el momento en el que ocurrió todo. De hecho, pensábamos que la ambulancia era por una enfermedad del vecino de enfrente. A él [por el detenido] nunca lo había visto, pero no me quiero imaginar estar con mis hijas en el portal y que de repente llegara con el cuchillo de cocina. Además, le estaban lanzando cosas desde la ventana para echarlo. El peligro fue tremendo», expresa. Ella y su familia se encuentran habitualmente en Serantes con otros allegados y, de esta forma, evitan estar en el barrio más allá de para estar en su casa.

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Así fue el último suceso en Recimil: «Casi me mata a mí y a mi hijo» Este miércoles en el número 3 de la calle Euzkadi de Ferrol un hombre fue abatido cuando iba con un cuchillo a por una testigo que declaró contra él. La mujer atacada nos cuenta cómo ha vivido esta traumática experiencia en un escenario manchado de sangre.

«Esto es más de lo mismo, siempre hay altercaditos. Y eso que de muchos no nos enteramos. La violencia va por temporadas, pero hay que tener precaución», comenta Manuel, un vecino de la parte de Recimil que da la carretera de Castilla. Esta persona prefiere no dar su nombre completo ni salir en una foto porque «son rencorosos» -dice en términos generales- y por si le complica la vida a su mujer, que tiene relación con muchos vecinos.

Que la cosa en las casas baratas «va por zonas» lo corrobora Ana Bastida, que hasta ahora lleva dos décadas «tranquilas» en el barrio. «Yo estoy encantada», subraya. Vive en la calle Betanzos, en la parte más cercana a la avenida de As Pías, y su hija de 9 años juega en la calle a diario. «Y no tengo miedo de que le pase algo», añade Ana.

Mientras, Fran y Julia, una pareja, viven en el número 1 de la calle Euzkadi. «La calle es de tránsito y es tranquila. En este barrio nunca tuve ningún problema», señala ella. «A veces escuchamos broncas, aunque más hacia la parte de atrás. Son cosas normalmente entre familias y no nos hacen nada a los demás», interviene él, quien considera que el barrio ha ido en los últimos años «a peor, quizás por la entrada de nuevos vecinos».

Lo cierto es que la comisaría está pegada a las casas baratas, pero ni así desaparece la conflictividad, muchas veces derivada del trapicheo de drogas. Los que generan problemas, entre los casi 1.900 habitantes, son los menos, pero crean un ambiente de preocupación. Los propios vecinos permiten okupaciones controladas «para no tener a ningún delincuente en el edificio», tal y como lo cuentan. Sobre esto, Manuel dice que «la violencia depende que a quién tengas en el portal».

Nadie se irá de Recimil, porque casi ninguno tiene medios para ello, pero la mayoría de los que se quedan permanecerán en tensión. El punto de mira se ha vuelto a poner en el barrio.

Un altercado con una catana acabó hace diez meses con dos heridos

El miércoles 17 de mayo del año pasado se produjo en el barrio de Recimil el último suceso con repercusión mediática. Entonces tuvo lugar una reyerta multitudinaria, que se saldó con dos personas heridas por cortes provocados con una catana. Los hechos, que derivaron en dos detenciones, ocurrieron poco antes de las once de la mañana. Tuvieron su origen en las supuestas molestias ocasionadas por los ladridos de un perro.

En el verano del 2014 se produjo un enfrentamiento entre dos clanes en el mercado de Recimil. Alrededor de veinte personas participaron en la trifulca, aunque solo dos estuvieron directamente implicadas. La intervención de los agentes evitó una sangría, aunque antes de su llegada hubo una agresión con una barra de hierro. Y, entre otros sucesos, tres años antes, en el 2011, la plaza de Sevilla fue el escenario de una batalla campal, con estacas y bates de por medio.

Sin patrulla a pie

El altercado que se produjo el miércoles ha vuelto a levantar la petición entre los vecinos de que exista una patrulla a pie por el barrio. Sin embargo, la falta de efectivos en la Policía Local evita estas rondas de vigilancia específica. Con el actual gobierno en el Concello, tan solo se activaron en un par de ocasiones, una en octubre del 2015, cuando también las hubo en A Magdalena, y otra en septiembre del 2016.

Este barrio y San Pablo son de los que no despegan su vista los efectivos policiales de la ciudad, aunque los altercados continúan produciéndose con regularidad.

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