Fuga de agua en el naval ferrolano

Beatriz García Couce
BEATRIZ COUCE FERROL / LA VOZ

FERROL

CEDIDA

La conflictividad laboral sigue enquistada en la plantilla directa y se abre en la auxiliar

01 oct 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Otoño caliente para el naval de la ría. Lejos de resolverse la distancia entre la dirección de Navantia y los trabajadores del astillero ferrolano, el ovillo laboral sigue enredándose. Las llamadas medidas de no colaboración -que en la práctica suponen distintas acciones de presión- hacia la empresa pública por parte de su plantilla se mantienen, teniendo su expresión máxima en el bloqueo a que se traslade uno de los bloques del Buque de Acción Marítima (BAM) para su ensamblaje a bordo. Pero además, para la próxima semana, la CIG ha convocado una huelga de carácter indefinido entre los empleados de las industrias auxiliares, para reclamar el cumplimiento de los acuerdos firmados en el 2001 entre los sindicatos y la patronal, pacto que regulaba las condiciones salariales y laborales de la plantilla indirecta. El termómetro de la conflictividad continúa, así, al alza, y se extiende de los trabajadores de Navantia a los de subcontratas.

No obstante, los motivos de uno y otro conflicto son diferentes y hunden sus raíces en circunstancias dispares.

En el interior del astillero, los representantes de los trabajadores buscan la forma de desbloquear el conflicto que impide que la obra del BAM continúe con normalidad. El bloqueo se produjo como consecuencia de todas las medidas iniciadas hace meses para reclamar que Navantia cumpliese con la sentencia del Tribunal Supremo que anuló el cuarto convenio colectivo de la empresa. Ha abonado todos los conceptos pendientes a excepción de las asimilaciones profesionales -ascensos de categoría- reconocidos a los trabajadores de la antigua Bazán. La SEPI y Navantia insisten en que están buscando fórmulas para hacerlo, pero el abono de ese concepto supondría un incremento salarial que choca con la ley de acompañamiento a los Presupuestos del Estado que fija topes en las empresas públicas. En este escenario, impedir que el bloque de la superestructura fuese trasladado a la grada antes de la botadura del buque serviría para forzar a la empresa al abono de las cantidades pendientes. Pero después de dos aplazamientos de la ceremonia de bautismo, y ante la necesidad de seguir avanzando en la construcción del barco, Navantia decidió botar el BAM, el pasado día 8 sin esa sección de la superestructura. Pero esa medida de presión está teniendo además otra consecuencia de mayor calado, que es la de impedir que comiencen las negociaciones para el desarrollo del plan de futuro de la compañía y de ahí que ahora, salvado el hito de botadura, la mayoría de los sindicatos busquen cómo encauzar ese conflicto, sin dejar de reclamar lo que legítimamente demanda la plantilla, avalada además por la mencionada sentencia judicial.

Acuerdos de subcontratas

Pero sin hallar solución a esa crisis, otro conflicto ha estallado en el seno de las factorías, con la convocatoria de la huelga en las compañías auxiliares, por parte de la CIG, que sostiene que recoge el malestar de los trabajadores del sector, que piden también desde hace años que se acabe con situaciones de discriminación laboral hasta dentro de una misma empresa. Pero la decisión ha supuesto la división sindical y el cabreo de los empresarios, puesto que fue convocada solo días después de que CC.OO. y UGT firmasen el convenio provincial del metal y convocase la mesa con la patronal para abordar la inclusión de los mencionados acuerdos en el texto laboral. El frente sindical, al que se ha sumado MAS, rechaza la huelga, que mantiene la central nacionalista para el próximo jueves.

En septiembre, la asamblea de trabajadores de Navantia desoyó la propuesta de la mayoría de sus representantes sindicales y decidió mantener su pulso a la empresa. En los próximos días, habrá una nueva ocasión de evaluar la respuesta de los operarios de las auxiliares hacia sus dirigentes sociales.