A la calle


FERROL

Con una confusión tan estruendosa como la que nos acorrala es fatigoso comprender lo que sucede, incluso llegar a entendernos entre nosotros. Cómo es posible que la última encuesta del CIS ponga de relieve que la corrupción, política se entiende, sea una de las primeras preocupaciones de los españoles y estos mismos encuestados voten mayoritariamente al partido que está notoriamente más enredado en esa corrupción que dicen asquear. Qué mecanismo pueril nos lleva a encolerizarnos si alguien pone de relieve esta inconsecuencia, expresada de forma brutal: que las víctimas votan voluntaria y entusiásticamente a sus verdugos. Menos mal que, ya que incapaces de salir del desconcierto y el aturdimiento, siempre podemos acudir al cobijo de la naturaleza, un paseo mañanero por la ribera fresca y umbría de un río de la comarca, sin más. Les recomiendo el Sor, entre Ponte Segade y el refugio de Fonte Cubelas, una visita al mirador de Auga Caída, un privilegiado balcón sobre el cañón granítico del río. Acercarse al coído de Vares, que Federico Maciñeira creyó obra de los fenicios, o hacer equilibrios sobre el farallón que marca el inicio del Cantábrico por el oeste. Y observar las dos versiones del uso de instalaciones militares desocupadas. La positiva, en el magnífico hotel de la naturaleza del Semáforo de Vares, y la negativa, tan conocida por los ferrolanos, en los destrozos de la base norteamericana próxima al observatorio de aves y los pintorescos molinos de grano encaramados unos sobre otros. Cuando el ruido es ensordecedor -Gürtel, Bankia, y lo que queda, también por aquí-, lo mejor es salir a respirar. A la calle, que ya es hora, que dijo Celaya.

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