ahora le toca a usted. Es lo bueno que tiene la democracia. Que es el administrado el que decide. Y por eso, en estos días de campaña, le van a tener en cuenta. Mucho. Los políticos estarán más pegados que nunca para atender sus problemas, sus necesidades... Atando los canes con longanizas si es menester.
Otra cosa es lo que suceda tras el cierre de los colegios electorales. Ahí ya empezará cada cual a sacar sus cuentas y a saber si ha ganado o perdido cuota de poder. Si tiene o no asiento en el arco plenario al que se presenta. Si toca gobernar o estar en la oposición. Si hay que pactar o no. Noche electoral, de números, de alquimia y laboratorio para arrejuntarse o no en función de cada caso.
Y es justo a partir de ese momento, con el recuento, cuando tradicionalmente comienza, otra vez, el desapego de la ¿clase? política de la calle. Como si la campaña cansase y tanto pisar acera y mercadillo provocase un hartazgo. Pobriños.
Las campañas han cambiado. Eso es indudable. Gana por goleada el márketing frente al mensaje. El postureo frente a la propuesta. Las redes sociales, además, permiten brindis al sol todavía más etéros que los de antes. Descalificaciones gratuitas. Trolls con identidades falsas que pueden difundir cualquier tipo de mentira o calumnia.
Todo se revuelve, en fin, para seguir igual. Quince días de buenas intenciones. Y luego ya se verá. Pero, como se ha dicho, usted decide en democracia. Con libertad. Y eso es fundamental.
A