Seudónimos


Yasmina Khadra es la autora de A qué esperan los monos, una novela editada este año por Alianza Editorial, que puede verse en las librerías. Es una historia de serie negra que se desarrolla en la Argelia de hoy, esto es, en un pegajoso magma de corrupción. El relato carece de la finura de Petros Márkaris, otro experto en envilecimientos mediterráneos, aunque no por ello la trama deja de ser interesante y atrayente hasta el final; pues pese a ciertos rasgos de precariedad técnica, las descripciones son muy provechosas, tanto que a veces hasta se nos hacen conocidas, como un dèjá vu. Cada mirada inteligente sobre este fenómeno ruin que nos asfixia tiene su luz, así sea para hacerlo más insoportable y fétido. Porque el aire irrespirable también lo padecemos aquí. Pero resulta que Yasmina Khadra no existe. Fue el nombre ideado por el oficial del Ejército argelino Mohamed Moulessehoul para protegerse de las más que presumibles consecuencias de sus denuncias de la podredumbre social de su país: no basta con nadar, hay que guardar la ropa. Qué no darían muchos de nuestros políticos por disfrutar de la seguridad de esa doble personalidad que proporciona el seudónimo -de noche corrupto, de día honorable, por ejemplo-, un suerte de Hyde/Kekyll stevensioniana. un personaje ventrílocuo para las botaratadas, en fin un banco malo que socialice las pérdidas y santifique los negocios de los amigos con o sin tarjetas black, etcétera. Que Rajoy le da ánimos a Bárcenas, tal que aguanta, Luis, pues no era Rajoy, era su otro, su seudónimo. Y así ad infinitum. Seguiríamos ahogados por la corrupción, pero siempre sería una podredumbre seudónima.

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