Otro año encara su recta final por estos lares con las eternas brumas y convulsiones socioeconómicas poniendo sus muescas en cada jornada. Un territorio en el que corremos el riesgo de que las aplastantes cifras del paro, ese fantasma hecho con miles de rostros, pueden comenzar a hacérsenos ya familiares. Como una costumbre.
Es cierto que a última hora ha llegado un esperanzador balón de oxígeno para los astilleros en forma de Iberdrola y eólica marina, un campo de futuro. Como además lo es que no falta quien critique también esto. Aunque parezca incomprensible. ¿Ha de ser malo abrir nuevos caminos? Puede que haya quien se sienta más cómodo en el inmovilismo. Más a gusto arrellanado en nostalgias. Pero eso sirve para poco. O para nada.
Algunos rayos de luz quieren asomar al fin la cabeza en Ferrol. O eso parece. Pero la historia, al ser cíclica, recomienda prudencia. Y, sobre todo, una puesta en común seria. Los diagnósticos de los problemas y soluciones para la zona se han repetido hasta la saciedad. Y las recetas aplicadas han fallado, casi siempre, de manera estrepitosa. Quedando, en fin, en mera palabrería.
A ver si esta vez los agentes políticos, económicos y sociales de esta ciudad -que los hay- dan un paso adelante. Un golpe en la mesa para tomar las riendas en vez de sestear dejándose llevar a la deriva por el temporal. A ver si esta vez se aprovechan las oportunidades, las pocas que aparecen. A ver si esta vez se hace Ferrol. A ver si esta vez...