Todas las administraciones hacen gala tan pronto pueden del gasto social que realizan. Gobierno y Xunta acaban de hacerlo tras la presentación del borrador de sus respectivos presupuestos para el próximo año. La situación de crisis económica y la lacra del desempleo, que azotan con fuerza a Ferrolterra, han empujado a muchas familias al abismo de la exclusión social y a precisar de ayudas para garantizar las atenciones mínimas a sus miembros.
En Ferrol, la Consellería de Traballo no ahorró cornetas en anunciar la remodelación de la primera residencia para mayores que funcionó en la ciudad, la del barrio de Caranza. Una obra muy necesaria, por cuanto la última reforma de las instalaciones data de hace diceiséis años. Sin embargo, poco después de iniciarse los trabajos, estos fueron interrumpidos, sin que se haya dado una explicación convincente de esta paralización, apelando a la detección de nuevas actuaciones a incluir en el proyecto.
Chapuza aparte, las consecuencias siguen padeciéndolas los usuarios. Recuerden que son personas muy mayores, dependientes, a algunos de los cuales han tenido que trasladar a un centro privado -con el consiguiente sobrecoste- sometiéndolas al menos en un primer momento al estrés del cambio de emplazamiento.
Mientras, el deterioro en el centro de Caranza continúa avanzando y las obras siguen sin reanudarse. Y también, mientras, la tijera de los recortes en la ley de la dependencia, amenaza con expulsar a algunos residentes de este centro, pero no por las obras.