Espejo

Miguel Salas CUENTOS BÍFIDOS

FERROL

Se miró al espejo de cuerpo entero que había en el recibidor. Era pesado, antiguo y feo, pero su mujer se había encaprichado de él en una subasta. Cuando se echaba el último vistazo vio en su reflejo que tenía en la pierna un corte profundo que sangraba. Asustado, se tocó la herida, pero no había nada. Lo tomó como un engaño de la mente y se fue a trabajar. Cuando, de camino, un coche embistió su moto y le causó en la pierna un tajo idéntico al que había creído verse, comprendió que el espejo adelantaba.

No le dijo nada a su mujer. El espejo le regalaba una predicción de vez en cuando. A veces se adelantaba minutos, otras días, pero las visiones siempre terminaban por cumplirse.

Una tarde contempló en el cristal a la joven más hermosa que había visto jamás, y durante varias noches no pudo dormir pensando en ella. Su mujer sonrió, enigmática, cuando él le pidió el divorcio para esperar a la desconocida. «Quizás también lo sabe y ha visto este momento en el espejo», pensó; pero no preguntó más, porque deseaba que se fuera a casa de su madre; la predicción se estaba retrasando más de lo habitual y su amor debía estar al llegar. La espera le hizo trizas: comenzó a beber, perdió el trabajo, se abandonó.

Una noche, borracho, cayó al suelo fulminado por un infarto. Falleció antes de llegar al hospital, pero tuvo tiempo de ver cómo una médico de la uvimóvil -la muchacha más hermosa que había visto jamás- intentaba reanimarlo sin éxito.