La Sherlock Holmes de sus antepasados

Elisa Rivas Vázquez suma un cuarto de siglo dedicada a reconstruir su linaje familiar


Ferrol / La Voz

Elisa Rivas Vázquez ha dedicado un cuarto de siglo a confeccionar su árbol familiar, pero no por el ansia de encontrar personalidades notables, sino por la satisfacción que le aporta saber. «He llegado a conocer que un bisabuelo mío fue dejado en la inclusa de A Coruña y desarrolló cierta actividad política proliberal allá por 1870; otro quinto abuelo, nacido en Sanlúcar de Barrameda, terminó casándose en A Coruña con una mujer de Caión y, tras navegar como artillero en los buques de correo que iban a América, fue a morir en Montevideo en el 1815, aunque las circunstancias de su fallecimiento me han sido imposibles de averiguar», cuenta Elisa en el salón de su casa de Doniños, donde a la vez que investigaba cual Sherlock Holmes, criaba a cuatro hijos.

Algunos le hacen de secretarios en sus pesquisas, como una hija que la llevó a Andalucía para que pudiese bucear en los papeles de las iglesias de la zona hasta dar con los papeles del bautismo de su abuelo. «Los documentos eclesiásticos son la fuente principal, porque los registros civiles son algo muy moderno, en cualquier caso ha localizado datos del 1500, de la época del Concilio de Trento, cuando comenzaron a ordenarse estos documentos», explica una de sus hijas.

Elisa llegó a pasar semanas en el monasterio de Mondoñedo para poder estudiar sin pausa los linajes que han ido entrelazándose y del que son herederos sus tres nietos, a los que les apasiona el trabajo de su abuela. «Cuando eran pequeños y alguien llamaba por teléfono ellos respondían: ?La abuela no puede ponerse que está con los muertos?», explica con una amplia sonrisa. La historia de la familia le apasiona a esta mujer de 91 años que comenzó a trabajar a los 16: primero en una oficina, después ya en su casa, donde encontró la felicidad y la libertad: «Yo no paro, pero trabajar fuera hasta me hacía daño físico, yo en casa cuidando de la finca y de los míos», relata ante una ventana desde la que se puede ver la playa y buena parte de sus frutales. El árbol genealógico es solo uno de sus proyectos, otro es un libro sobre la historia de su vida y un tercero: un encargo especial de su nieto.

Los hijos y nietos de Elisa han heredado su afán investigador y le emulan al tiempo que le ayudan. Aunque lo que no han podido es meterla en el mundo de la informática: «Con eso no quiero enfrentarme», explica. Reconoce que las pesquisas genealógicas son arduas y laboriosas: «Es cosa de echarle horas, básicamente se trata de ir tirando del hilo del presente al pasado, consultando y relacionando datos que se contienen principalmente en los archivos parroquiales, como libros de bautismos, matrimonios y difuntos, que se van generalizando desde el Concilio de Trento en el siglo XVI», explica.

Gracias a esta tenacidad Elisa ha logrado documentar a un antepasado, Pedro da Ponte, en la localidad oleirense de Iñás que nació el 24 de agosto de 1568. «Y a Alonso de Lousada, de Mondoñedo, en el 1550, algo que es casi excepcional», precisa. En toda esta tarea ha ido comprobando cómo su apellido cambiaba. Aunque tal vez la cuestión que más le ha sorprendido es descubrir una etapa de la vida de su abuela, que además es su madrina: «Fue lo que más me impresionó: un matrimonio de mi abuela que no conocía. Se casó a los 16 años con un hombre que falleció poco después».

Pesquisas en iglesias

Elisa ha recorrido muchas iglesias para hacerse con partidas bautismales, porque los registros civiles son demasiado recientes para calmar su ansia de conocer a sus antepasados.

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