Puede ser que todo Ferrol haya salido a subasta y que no nos hayamos enterado. Lo de FIMO ya se ha hecho público. Fecha y coste. Hagan juego. Lo demás, todavía no. O, al menos, nadie se ha dignado a informar del asunto. Que también puede ser.
Lo del recinto ferial no tiene nombre. Que un emblema como la Feria de Muestras acabe en una puja para pasar a manos privadas es el colofón a un cúmulo de despropósitos en el que nadie, ningún responsable, se ha molestado en tratar de reconducir la caótica situación. Es más, ante las promesas por parte de los representantes públicos de que se hará todo lo que se pueda permítanme ser pesimista. Porque, muerto el perro se acabaron las pulgas. Un problema menos que ¿gestionar?
¿Y qué será lo próximo? ¿Astano? ¿El antiguo Hospicio -remodelado y criando arañas-? ¿El Sánchez Aguilera? ¿El barrio de Recimil al completo o repartido en jugosas porciones? A saber.
Tanta dejadez, tanta desidia, tanta palabrería vacía de cualquier tipo de contenido satura. Cansa. Puede, efectivamente, que todo Ferrol haya salido a subasta ya. O, al menos, que se ponga en el mercado lo que estorba para poder aplicar la infantil regla de me molesta, pues lo aparto y ya no me molesta.
Luego vendrá la campaña, las obras de última hora, los anuncios altisonantes, los contratos con la ciudadanía, la trompetería electoral, los resultados y a otra cosa. O alguien se toma todo esto en serio de una vez o el final del hoyo está todavía lejos. Mucho.