El furtivismo en Ferrol, de tanto verlo y de tanto tenerlo delante de las narices, parece que pasa desapercibido. Solo nos pasmamos cuando se produce una gran redada, cuando se reflejan en cifras oficiales cantidades, número de personas denunciadas... Pero eso es solo la punta de un gran iceberg.
Cada vez son más los ilegales. La crisis empuja a muchas y a muchos a la marea. Sumándose a los que ya estaban antes y a algunos que se pueden clasificar como verdaderos profesionales. No se trata de justificar esta actividad, todo lo contrario, pero también hay que tener bien claro que la paupérrima situación económica de la zona es el mejor caldo de cultivo para que la lacra del mercado negro alcance dimensiones monstruosas. Algo que debería provocar ciertas reflexiones.
Y, de una vez por todas, poner sobre la mesa, y a las claras, que ese goteo constante de ventas fraudulentas, de esquilmación del producto de la ría, es un riesgo para la salud. ¿Quién lo compra? ¿Dónde se sirve? No parece, en principo, tan complicado saberlo. De hecho, por lo bajinis, se sabe. Son las autoridades competentes las que tienen que hacer su trabajo y cercenar los canales de distribución. De cuajo. Porque el que adquiere el producto de los ilegales también es furtivo. Y el que más dinero gana con ello.
A las redadas en la ría deberían acompañarlas otro tipo de redadas. Unos controles mucho más severos a mayoristas y hosteleros. Pero, o bien no se le da importancia o bien se hace la vista gorda. Es lo que hay. Y así nos va.