Frío en agosto

José Varela FAÍSCAS

FERROL

A los estudiantes perezosos la llegada de los exámenes se les presenta como un muro casi infranqueable, y además, abruptamente y por sorpresa: su desidia suele asentarse en la inconsciencia irresponsable. En este aspecto, los malos estudiantes se parecen mucho a los políticos negligentes -de hecho, muchos alumnos mediocres acaban ocupando escaño cuando se hacen mayores y descubren el chollo: los ferrolanos no necesitamos hacer esfuerzos de memoria para identificar a más de uno-. En ambos casos, escolares y políticos, la táctica es la misma: dejarlo todo para más tarde, un dontancredismo en el que Rajoy, eso sí, excelente estudiante, es un consumado maestro. Las Casas Baratas son para el Ayuntamiento esa asignatura que se va dejando pudrir a ver si el profesor se olvida de convoca examen. Claro que si vivimos en una ciudad en la que no hay un solo chiquillo malnutrido (Cocina Económica, Cáritas, comedores sociales y decenas de anónimas familias solidarias quizá sean pura ficción), por qué no hacerlo en una en la que no hay vecinos con necesidad de vivienda. Esa es la ciudad ideal en la que vive el PP ferrolano. No es fácil explicar, de otro modo, cómo es posible que se produzcan ocupaciones ilegales de viviendas en Recimil de manera reiterativa. Ocupaciones que no se habrían llegado a dar si esos pisos vacíos hubiesen sido adjudicados a algunas de las familias que esperan por ellos. Es un insulto a la dignidad de las personas la culposa indolencia de un departamento que hace ya tiempo debería haber cambiado de titular por incompetencia manifiesta. Pero el PP prefiere vivir en su mundo feliz, aunque fuera haga frío hasta en agosto.