La prostituta que tuvo que denunciar a su cliente

El individuo le decía que si no dejaba el oficio se lo contaría a su familia e hijos


ferrol / la voz

No le quedó otra opción. Con cuatro hijos y pocos recursos se vio obligada a ejercer la prostitución, un oficio que mantenía bajo el halo del secreto en su entorno familiar. Hasta ayer. Tuvo que asistir a la vista oral que motivó su denuncia a un cliente, interpuesta en el año 2013. Un cliente que se convirtió en un auténtico suplicio de chantaje y coacciones.

La denunciante alega que, desde el 17 de junio del año pasado, el acusado comenzó a acosarla. Su teléfono comenzó a pitar de forma constante a causa de los innumerables mensajes de voz y de texto que le enviaba, que iban acompañados también de llamadas en las que le decía de todo. Incluso que se pondría en contacto con los Servicios Sociales para que le retiraran la custodia de sus hijos.

Una obsesión enfermiza

Las presiones del cliente empezaron como suelen hacerlo en estos casos, diciéndole lo mucho que la quería e insistiéndole en que él podría encontrarle otro trabajo. Desde el principio ella le dejó muy claro que no quería que se generase nada personal entre ambos, una respuesta que el acusado no se tomó precisamente bien.

Empezó a obsesionarse con ella de una forma enfermiza, por lo que empezaron las llamadas al trabajo que darían paso también a los mensajes. Pero de las bellas palabras de amor pasó a las amenazas. Si no abandonaba la prostitución, él le contaría a su familia y a sus hijos cuál era su estilo de vida.

En ellos incluía también la amenaza de dirigirse a los Servicios Sociales, y le intimidaba diciéndole que era probable que le quitasen a los niños en cuanto descubriesen que los dejaba solos para ir a trabajar a otras localidades. Este acoso sin cuartel hizo que la víctima terminase denunciando los hechos en el juzgado, donde declaró sentirse invadida por le desasosiego y la inestabilidad anímica.

Orden de alejamiento cautelar

Un auto dictado en diciembre por el Juzgado de Instrucción número 3 impuso al acusado una orden de alejamiento como medida cautelar durante el tiempo en el que se desarrollase la instrucción del asunto. No consta que desde entonces este individuo la haya quebrantado, pero eso no hizo que la denunciante se diese un paso atrás. Ayer mantuvo el tipo y él reconoció los hechos, aceptando una pena de seis meses de prisión y un alejamiento de un año y medio de duración como autor de un delito de coacciones.

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