El primer documento que reguló jornada, salarios y horas extra

b.c. ferrol / la voz

FERROL

En el verano del 2001, un conflicto en la división de Reparaciones de la entonces Izar fue el germen del primer gran acuerdo para regular la subcontratación en las plantas de la ría. Las leoninas condiciones de trabajo en Carenas, con plazos muy ajustados y que obliga a una faena a destajo, fue el polvorín sobre el que estallaron protestas que comenzaron en la plantilla de Tecnymo y que rápidamente se extendieron al resto de compañías con presencia en el sector.

Fue a principios de julio, cuando los operarios llegaron a secundar varios días de huelga continuada, con bloqueos a las puertas de la antigua Bazán, para reclamar mejoras en sus condiciones laborales. Detrás de este conflicto se encontraba el modelo de astilleros de síntesis, con una plantilla directa reducida y en los que cada vez tiene un mayor peso la industria auxiliar. Aunque inicialmente la dirección de la compañía pública no quiso intervenir para que se pusiera fin a las protestas, la presión ejercida tanto por las plantillas como por parte de todos los sindicatos con presencia en las factorías locales llevó a la entonces Izar a mediar para que se estableciese un marco de relaciones laborales homogéneo en la ría.

Los empresarios, aglutinados a través de la Cámara de Comercio, se avinieron finalmente a negociar con CC.OO., UGT, CIG y USO una plataforma que inicialmente comprendió al gremio de aceros, representado por unas quince firmas, y que se extendió posteriormente a las de pintura y chorreado, limpieza industrial, habilitación y servicios.

Equiparación

Los operarios auxiliares clamaban por equiparar al menos en un acuerdo de mínimos sus condiciones a los de la plantilla principal, puesto que en muchas ocasiones realizan el mismo trabajo con garantías muy diferentes.

Fruto de aquellos acuerdos se establecieron unas condiciones para homogeneizar la duración de la jornada laboral, el sistema de horas extras, algunas cuestiones relativas a las condiciones de seguridad y salud en el trabajo y también algunas nóminas tipo, dependiendo de las categorías.

Aunque las diferencias entre ambas plantillas no se solventaron por completo, el pacto del 2001 supuso un salto cualitativo para las plantillas de las subcontratas, pese a que los empresarios han insistido en los últimos años que tienen una pérdida de competitividad con respecto a otras zonas merced a la aplicación de esos acuerdos.

El nuevo modelo de subcontratación que quiere implantar Navantia, con paquetes de obras de mayor tamaño y con un número reducido de firmas, amenaza la participación de las firmas locales en las obras que tienen en cartera los astilleros de la ría: en marcha ya el flotel de Pemex y pendiente de firma el contrato del Buque de Acción Marítima. Los sindicatos denuncian que hay empresas de Vigo y de Asturias que competirán por la obra del flotel con condiciones laborales que rebajan lo pactado.