La indiferencia ante las elecciones europeas es incuestionable. Es tal la desafección hacia la política y los políticos que no preocupa su resultado. Y mientras, los candidatos, ajenos al sentir ciudadano, parecen ensimismados en un discurso egocéntrico con el que pretenden convencernos de que él o ella son la única solución, en lugar de hacer pedagogía y explicar desde la sinceridad qué es lo que de verdad se juega en estos comicios. Hablan y hablan, como charlatanes de feria, de asuntos que en nada dependen de los organismos comunitarios. Tratan así de entretenernos con una dialéctica cuyo único objetivo es explicarnos lo malo, malísimo, que es el adversario.
Sea mucho, o no tanto, lo que está en juego, lo que es evidente es que de la UE, y en consecuencia de la composición de la Cámara, van a depender decisiones que nos afectan. La primera responsabilidad de un candidato es comparecer ante los electores para explicar, con sinceridad y valentía, cuáles son los asuntos que se deciden en Europa, en lugar de vender humo y mezclar churras con merinas para ocultar lo que de verdad importa y lo que pueden y deben hacer nuestros diputados.
Los ferrolanos debemos exigir que dejen de mentir en cuestiones de tanta importancia como el naval. Es hora de pedir responsabilidades por los engaños permanentes y por los desvergonzados intentos de convencernos, por ejemplo, de que el dique depende de que sea el uno o la otra quien se acomoda en su confortable escaño.