Repulsivo. Solo así se puede calificar el caso de trata de seres humanos destapado esta semana en Ferrol y Narón por las fuerzas de seguridad. Su actuación y la de las autoridades judiciales ha permitido, después de una larga investigación, poner freno a un repugnante mercadeo de menores procedentes de Rumanía traídas a Ferrol y Narón en volandas de mentiras y falsas promesas para ser explotadas, tanto en el ámbito doméstico como en la calle. Mendigando.
No dudaron los responsables de esta negra trama en dejar a alguna de ellas sola en la puerta del hospital cuando se encontraba a punto de dar a luz. Ni en golpearlas si recaudaban poco Así. Como suena. Crudo. El ser ¿humano? no se cansa de demostrar una y otra vez su ruindad.
Lo dicho. Repulsivo. El que suscribe solo espera que el peso de la ley caiga con todas sus consecuencias sobre los causantes de esta situación si finalmente en los tribunales se confirma su culpabilidad.
Lo sucedido da para pensar. Para pensar mucho. ¿Dónde están los límites? ¿Hasta dónde se puede llegar? ¿Cuánta crueldad se puede demostrar?
Lo único que alivia -solo es un modo de decirlo- es saber que las víctimas han sido liberadas y que se encuentran en manos de las instituciones oportunas. Niñas, ya con hijos, que han tenido que vivir un infierno. Alivia eso. Y también saber que las fuerzas policiales y de seguridad están ahí. Muchas veces con un trabajo largo y callado hasta conseguir resultados como los cosechados ahora. Es de justicia remarcarlo.