El mercado de los contenedores en el puerto exterior de Ferrol arrancará con importantes debilidades, pero también con potentes fortalezas de las que hay que sacar tajada.
Desde la cúpula desde la propia firma se ha indicado en numerosas ocasiones que más que empezar rápido lo que interesa es hacerlo bien, y que este ejercicio y el próximo sirvan, además de para abrir mercado, para que navieras y armadores puedan comenzar a comprobar el funcionamiento del complejo y atraerlos a él.
Dos son las principales carencias, a día de hoy, de la terminal. En primer término, que el proyecto del ferrocarril aún se encuentra en fase de redacción y no estará operativo hasta el 2019, lo que limita su área de influencia terrestre. Por otra parte -algo a lo que se le da mucha importancia desde la compañía- está el hecho de que Ferrol carece de tradición en el competitivo mercado de los contenedores. Es un debutante, por decirlo de algún modo, que ha de demostrar maneras.
¿Cuáles son las fortalezas? Numerosas. Ubicación geográfica muy adecuada; calados naturales de veinte metros de profundidad para grandes buques de última generación; amplio espacio interno para almacenaje y operación con los contenedores... Pero, fundamentalmente, está el aval que supone que la terminal pertenezca a TCL, cuyo modelo de trabajo se ha convertido en un éxito en Portugal, batiendo año tras año desde el 2000 récords de actividad. Solo en enero de este ejercicio ya ha movido 49.400 teus, lo que supone un incremento del 5,7 % con respecto al mismo mes del 2013.
No quiere TCL desviar sus tráficos lusos a Ferrol. Pretende lograr aquí un mercado más amplio y ambicioso, ya que sus posibilidades para grandes buques son mucho mayores que en Leixões. Y se trata de una compañía ya conocida en los grandes centros internacionales de decisión logística. Punto a favor.