Más tiros en los pies

FERROL

Que el PSOE atraviesa horas bajas no lo niegan ni los más entusiastas. La última encuesta del CIS coloca al partido en su escenario más adverso. Sucede en España, con Rubalcaba tratando de ponerle bótox a sus propuestas de renovación. Sucede en Galicia, donde Besteiro busca hacerse un sitio en el revoltijo que dejó Pachi Vázquez. Y sucede en Ferrol, donde una vez más los socialistas se enzarzaron en unas peleas que solo le sirvieron para ceder el poder, profundizar en la sangría de la militancia y en el descrédito entre una ciudadanía con suficientes motivos para el hastío.

El PSOE no es una fuerza out-sider en la política local. Ha gobernado varias veces desde la restauración democrática y para muchos sigue siendo un referente histórico y de futuro. Sus luchas internas no son, por tanto, una cuestión que atañe solo a sus alrededor de trescientos militantes, ni siquiera a los más de ocho mil ferrolanos que le dieron su voto en las municipales del 2011. La ciudad que reúne todos los récords de indicadores negativos no solo precisa una oposición fuerte y sólida, sino que exige una alternativa de poder estable y sensata.

El último episodio en el harakiri del socialismo ferrolano no apunta precisamente en aquella dirección. Y no parece razonable que, con toda la legitimidad que la asamblea le da a la dirección de Beatriz Sestayo y los errores que haya podido cometer el grupo municipal en su relación con el partido, se abra una guerra para desbancar a González Laso de la portavocía. No ya porque ha sido elegida para el cargo por quienes son depositarios de los votos de los ciudadanos, tal y como establecen las normas internas, sino porque no hace más que reforzar la creencia de los ciudadanos en que los partidos más que instrumentos para solucionar sus problemas son herramientas para el acomodo personal.

Demasiadas energías empleadas en un asunto en el que, según la ejecutiva provincial, no hay caso. La portavoz ocupa legítimamente su cargo y no ha cometido ninguna de las faltas graves que se le imputan para promover su expulsión del partido. Todavía le queda recorrido a la disputa. Salvo que el PSOE ferrolano, ahora dirigido por Sestayo, decida dejar de darse tiros en los pies.