Las dos caras

Nona Inés Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

El parque de O Boial recibe estos días a miles de visitantes que acuden a este espacio comercial, que nace con la voluntad de ser una nueva y amplia oferta de compra. Los vecinos de mi querida Santa Cecilia han podido comprobar cómo el tráfico casi colapsó, en las horas punta, la carretera que cruza esta parroquia, vial nada adecuado a la nueva situación. Es la cara de una esperanza, leve pero esperanza y, en parte, ya realidad, de creación de un empleo que es imprescindible para cortar la trágica hemorragia de un paro que nos golpea con dureza y obliga a tantos jóvenes, y no tan jóvenes, a emigrar.

La otra cara es la del naval. Sin noticias concretas, sin la mínima fe en planes estratégicos que van y vienen de la mesa a la papelera. Es la cara de la desesperación de tantos trabajadores sin horizonte.

Claro que hay cosas que pueden hacerse. La primera: abordar con honestidad y valentía el futuro de nuestros astilleros, para salvar lo salvable, que no es poco.

La segunda tiene mucho que ver con la cultura de la empresa. Durante muchos años se ha asociado al perfil del empresario-suena mejor llamarle emprendedor- su condición de explotador. Generalización perversa que ha hecho mucho daño a una comarca que, obsesivamente, mira al Estado como única referencia inversora.

No creo que O Boial sea un paradigma, pero debe ser mirado como referente de inversión social, aunque no sea pública. Sencillamente porque ha ofrecido a cientos de parados una luz en su oscuridad.