Nunca había entendido ese latiguillo que usa cada concejal de Urbanismo, alcalde recién puesto en el cargo y demás: el modelo de ciudad. Pero poco a poco voy comprendiendo que en Ferrol andamos sin modelo. El viejo barrio de A Magdalena, diseñado con una racionalidad que todavía hoy pasma, ha quedado completamente descentrado. Primero fue el sistema de acceso que quedó trastocado con As Pías. Ferrol Vello dejó de ser el corazón social de todo el trasiego de gente de la ría, que llegaba a la ciudad y se volvía a casa en lancha. Llegó Caranza y le dio la puntilla porque la mitad de su población se trasladó a vivir al nuevo polígono. Ahora llegan nuevas áreas comerciales que se inauguran para mayor gloria, pero vuelven a descentrar todavía más. Antes lo había hecho las grandes superficies del polígono de A Gándara. Pero las cuentas son tozudas. La capacidad de compra en todo el área urbana de la ría es una. El consumidor si gasta su dinero en un nuevo punto deja de comprar en otro. Así de simple. De manera que el barrio de A Magdalena, que todavía no ha encontrado su nicho en este puzle económico moderno, recibirá otro batacazo sin recuperarse todavía del anterior, incapaz de resituarse en el nuevo contexto. Otro tanto ocurre con los puestos de trabajo, que se trasvasan de un lugar a otro. Por eso no acabo de entender tanta alegría, aún defendiendo la lógica del libre comercio. En Francia, las grandes áreas de las mismas cadenas instaladas aquí, porque son transnacionales, están distanciadas por ley de los centros históricos. Por algo será.