Vila se viste ya de gala para las fiestas de la patrona. Como todos los años.

Cedeira se convierte, cada verano, en un hervidero de actividades, turismo, gastronomía, cultura... El castillo, el muelle, San Andrés de Teixido, San Antonio... Son muchos los lugares que merecen ser visitados.

Hoy toca hablar de Cedeira por calendario y, por qué no decirlo, por la raigambre del que suscribe. Toca hablar de la Cedeira de las celebraciones, de la jira, de la música, de las calles del centro llenas de gente.

Pero conviene no olvidar la Cedeira de invierno. De otoño. Y de primavera. La del día a día. La de todo el año.

¿Motivos? Muchísimos. La tradición marinera. La faena diaria del percebeiro, de las tripulaciones de los barcos de pesca, de la lonja... Porque A Vila es villa de mar. Lleva la dura marca del salitre por todas partes. Y la envuelve también la magia de increíbles vistas, acantilados, de su santuario de peregrinación enmarcado en un paraje con aroma de antaño...

Un lugar donde todo el mundo conoce a todo el mundo. Todavía quedan sitios así. Una población en la que sus habitantes tienen un denominador común: el orgullo de ser de Cedeira. Lo llevan en las venas. Y ese orgullo jamás se les olvida.

La patrona saldrá de nuevo porteada por las calles y embarcará para rememorar a todos los que perdieron la vida en las aguas. Un momento de intesa emoción y respeto. A Vila se pone de gala para sus fiestas. Aunque, realmente, está guapa todo el año.