Fue el primer rayo de luz en la negra sombra que se extendía por el sector naval de la ría. Pero el doble contrato de Navantia y Barreras para la fabricación de sendos floteles para la petrolera mexicana Pemex nació viciado. Fue hace ya siete meses cuando los máximos responsables de los dos astilleros firmaron con el padrinazgo de la Xunta un acuerdo que, sin suponer la solución total a la falta de trabajo de los dos gigantes navales de la ría, estaba llamado a frenar al menos la sangría de puestos de trabajo. Era la primera vez que un gobierno autonómico se implicaba hasta tal extremo en lograr ocupación para un astillero que depende del Estado. Pero ese tanto que pudo anotarse entonces el Ejecutivo de Feijoo comenzó a tornarse incómodo cuando surgieron los problemas. El encargo escoció en la industria mexicana, que desveló que aún habría que pasar por un concurso internacional para ser firme y después llegó el cambio de Gobierno en México, que cambió a los dirigentes de la petrolera y abrió incertidumbre sobre los acuerdos.
En los últimos meses, la Xunta apuntó a Barreras y a su imposibilidad para lograr los avales como la causa que frena el comienzo de la obra. Hace quince días el astillero vigués dijo que ese trámite ya estaba salvado y ahora directamente ya no se sabe por qué ese contrato no entra en vigor.
Hay 2.200 trabajadores que han perdido sus empleos y otros 1.800 están abocados a ello. Se merecen, cuando menos, que les digan qué sucede.