Gallinas

José Varela FAÍSCAS

FERROL

21 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Si las gallinas llegaron hasta el Neolítico -y desde entonces hicieron ricos a avispados personajes como nuestro paisano Franqueira-, fue porque desarrollaron un instinto que las mantuvo alejadas del raposo. Con permiso de los biólogos, que acaso hablarían de la capacidad de poner muchos huevos para explicar la pervivencia de estas aves, las churriñas llegaron a desarrollar una memoria colectiva que las llevó a poner pies y alas en polvorosa cada vez que aparecía un ser de rabo peludo asomando el fuciño en lontananza.

Los humanos, que nos las damos de muchas cosas menos de tontos y no tenemos reparo en tachar las gallinas de seres bastante idiotas, no acabamos de aprender esa lección tan elemental. Al menos en Ferrol. Aún está fresco el recuerdo de la última movilización masiva de la comarca en apoyo a los trabajadores de los astilleros, en la que desfiló lo más granado de la nómina del PP. No les quiero contar el provecho que la derecha sacó de las fotos y tengan por seguro que más de una risita floja por debajo del bigote. ¿Y qué más? ¿Siguen ahora al lado de los trabajadores y piden explicaciones al dicharachero Feijoo tras su escapada -literal- a México? ¿Dónde estaban en la última manifestación? ¿Ideando cómo convertir esas protestas en escraches y perseguirlas policialmente? ¿Llegaremos algún día a fiarnos de la memoria para distinguir con quien nos jugamos los cuartos y, disculpen, la honrilla? Las gallinas, tan bobas ellas, hace tiempo que lo tienen claro.