El interés general

Manuel Couce EXALCALDE DE FERROL

FERROL

26 feb 2013 . Actualizado a las 13:10 h.

Es obligación de los gobiernos priorizar las políticas que afectan al interés general, lo que para algunos es cuestión de patriotismo, y para la mayoría, de sentido común. El Gobierno de Mariano Rajoy viene demostrando que no entiende tampoco de necesidades generales. Ahí está el paro laboral aumentando día a día, los recortes de la sanidad, la educación y la dependencia, mientras las administraciones siguen duplicadas y triplicadas en las mismas competencias. Y sin duda, el sentido común en el interés general pasa en primerísimo lugar por poner orden en la administración, empezando por hacer desaparecer las Diputaciones, dándole sus competencias a las comunidades autónomas, y en reducir notablemente los nueve mil reinos de taifas-ayuntamientos que hay en este país.

En circunstancias críticas como la actual se debe de empezar a recortar por lo que sobra y no por lo que hace falta. Y para ello hay que hacer las cosas muy bien y dejar a un lado furibundos intereses políticos. Como el caso de las Diputaciones, presididas en su mayoría por los populares, a las que se les quiere dar más competencias todavía, con unos efectos que seguirán siendo perniciosos para la economía y que causarán gran desorientación a los ciudadanos a la hora de exigirles que se aprieten el cinturón.

Es sabido que el debate del estado de la Nación fue una ocasión perdida para atender las demandas de interés general, y las expectativas han generado un estado de ánimo peor que el que había, porque está visto que no se quiere salir de la crisis con justicia, tanto de puertas adentro como de puertas afuera. Y de puertas adentro tienen en Ferrol una oportunidad de sanear el clima social de los astilleros y generar confianza en el Gobierno, pues los trabajadores del naval demandan una obra de interés general.

Y no es por amor a la ciudad, que también, pero es que el dique flotante es un objetivo imprescindible y sensato que daría trabajo y mejoraría el futuro de Navantia.

El coste es un puñado de euros, muchos menos que las subvenciones a los toros, por ejemplo, pero que devolvería a los ferrolanos, en momentos de claudicación, la fe en el progreso y la confianza en la política y en las instituciones.