El hombre que nunca tuvo miedo

Ramón Loureiro Calvo
ramón loureiro FERROL / LA VOZ

FERROL

MARCOS CREO

Testigo de los años heroicos del atletismo, deja un imborrable recuerdo

15 oct 2012 . Actualizado a las 13:14 h.

Con Joaquín Romero, y permítanme el paralelismo, pasaba un poco lo que con Zatopek: que sus éxitos deportivos ocultaban lo verdaderamente sustantivo de una vida ejemplar, de una existencia entregada a los demás. Y así, igual que del medallista olímpico checo, un fondista siempre comprometido con la defensa de la libertad, casi nadie recuerda que fue represaliado y humillado por el gobierno comunista de su país tras haberle plantado cara a los tanques soviéticos que invadieron Praga, algunos parecen haber olvidado también que Joaquín Romero fue mucho más que un protagonista -y al mismo tiempo un testigo- de los años heroicos del atletismo español.

Porque él, ante todo, y por encima de cualquier otra cosa, fue un ciudadano ejemplar. Un hombre que cada día, durante largos años y sin más arma que la decencia, se encaraba con los traficantes de droga, en Ferrol Vello, exigiéndoles que dejasen de vender ese caballo endemoniado que devoraba a los jóvenes de su barrio tras abrasarles las venas. Se jugó la piel, quede constancia de ello. No una, sino mil veces. Pero no le daba importancia. Decía no haber tenido miedo jamás, y era cierto. Aunque igual de cierto es que (a pesar que no hablaba demasiado de eso) probablemente era consciente de lo caro que pudo haber pagado su empeño de erradicar el tráfico de drogas del barrio en el que pasó la mayor parte de su vida. De todas formas, no dudó nunca. Tenía el corazón de oro, pero pertenecía a una generación de hombres de hierro.

Los pies sangrando

Como atleta protagonizó, también, hazañas de leyenda. Pudo haber sido campeón de España de maratón, si durante el recorrido no se le rompiesen las alpargatas (alpargatas, sí...!!!) que calzaba. Cruzó la meta el tercero, con los pies llenos de sangre. Fue uno de los mejores atletas gallegos de todos los tiempos. Y brilló especialmente en las pruebas de campo a través. Se entrenaba en condiciones dramáticas, robándole horas al sueño. Llegó a proclamarse, en un mismo día, campeón gallego de 5.000 y 10.000 metros, deteniendo el cronómetro en 15-35 y 32-00. Y aunque jamás llegó a pisar una pista de tartán, tenía un registro de 4-2 en los 1.500 metros. Con los ojos de hoy, podrían parecer marcas modestas. Pero quien piense eso, que imagine ahora los caminos sin luz, la brutalidad del trabajo físico en jornadas interminables, el hambre, la mala ropa, la humedad de las casas y una vida, en fin, en la que, por escasear, escaseaba, incluso, la esperanza. Hasta hace bien poco, aún caminaba todos los días. Tenía 89 años, sí. Pero me sigue pareciendo mentira que haya muerto.

obituario joaquín romero, leyenda del deporte y luchador contra la droga