Las estancias permanecerán cerradas mientras no se adjudique su gestión
06 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Una pareja de turistas le pregunta al vigilante de seguridad si pueden visitar la iglesia. La respuesta es negativa, ni el templo ni ninguna otra de las estancias que salpican el cenobio de Caaveiro.
Tampoco es posible tomarse algo en la cantina, que corre la misma suerte que el resto del recinto. Si aspiran a recibir una visita guiada, también conviene tener paciencia. «Esto es una vergüenza», dice la turista. Tampoco es para tanto. Al menos el monasterio, brillantemente restaurado, sí se puede visitar por fuera, un paseo que siempre vale la pena a un recinto en el que seguramente lo mejor está en su matrimonio con el entorno, y no en sus interiores.
Con todo, choca que una de las joyas de la corona de la Diputación sobreviva en tal soledad monacal, con un vigilante y unos cuantos gatos como únicos habitantes.
Para poder disfrutar en todo su esplendor del cenobio habrá que esperar un tiempo. La empresa que se hacía cargo de su gestión y de las visitas guiadas finalizó su contrato y no lo renovará, como tampoco lo harán las otras compañías que se hacían cargo de otros bienes provinciales. Es más, el de Caaveiro fue el último de los contratos de gestión de inmuebles históricos de la Diputación en finalizar.
Ni esa ni ninguna otra los renovarán, porque el organismo tiene previsto sacar a concurso en conjunto todas sus propiedades para que se haga cargo de su explotación turística la empresa que presente la mejor oferta. La idea, explican desde la Diputación, no es solo ahorrar, sino unificar criterios para que todos tengan los mismos horarios y semejantes servicios. Además, habrá que pagar entrada, aunque avanzan desde el ente provincial que tendrá un precio simbólico.
Si no hay nada claro sobre quién se hará con la gestión de ese patrimonio, sí lo hay sobre el hecho de que pasarán meses antes de que los visitantes puedan volver a disfrutar de todos los rincones monacales.
Los técnicos provinciales trabajan en los pliegos para sacar a concurso una contratación que estará lista y adjudicada, confían desde la Diputación, «antes de rematar o ano». Mientras, las visitas a Caaveiro se quedarán, forzosamente, a medias.
Eso sí, siempre será posible pasearse por las Fragas, donde sigue funcionando con normalidad el centro de recepción de visitantes, y darse una vuelta por los espacios abiertos de un monasterio que pasó en su larga historia por distintas fases. Habitado primero por canónigos regulares de San Agustín, acabó siglos después en ruinas para ser salvado de ellas precisamente por la Diputación. Ahora aguarda una musealización y espera, como nuevo, que vuelvan los visitantes a sus salas, algo que, como tantas cosas, está pendiente de que se cumplan trámites administrativos.
un monasterio a medio gas