Las excusas del general Pulteney publicadas en la prensa británica de la época no ocultaron el fracaso de la empresa
16 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.En su breve edición del lunes 8 de septiembre de 1800 el rotativo inglés The Sun ofrecía una crónica en la que reproducía el despacho del general James Pulteney al secretario de Estado Henry Dundas. En Londres escocía esos días el nombre de una ciudad gallega, Ferrol, donde a su flamante y experimentado general le habían dado un notorio repaso las fuerzas locales pese a contar con cuatro veces menos fuerzas que los británicos.
Los ingleses buscaban dar un duro golpe a la coalición que entonces formaban España y Francia -pronto el pacto sería con los ingleses con Napoleón como enemigo- tomando la base de la Marina de Guerra más importante de España y acabando con parte de su flota, allí amarrada, pero las cosas salieron mal.
Muchos hablan de la audacia y el celo de los defensores locales, pero tal vez tuvo más que ver la timorata actuación de Pulteney en tierra, a donde llegó el 25 de agosto de 1800 con 107 navíos y unos 15.000 hombres.
En las alturas de A Cabana los ingleses se encontraron con los defensores locales. Fue el cuerpo de fusileros británico el que se topó con los locales. Pulteney lamenta que en esa escaramuza resultara herido el teniente coronel Stewart.
En el listado de bajas que ofrece el militar inglés figuran 16 muertos -todos ellos soldados- y 54 heridos, Stewart fue el de mayor rango, aunque también recibieron plomo ferrolano tres capitanes, tres sargentos y un tamborilero.
La historia hagiográfica ferrolana cita que cayeron muertos mil soldados ingleses, algunos de ellos ahogados durante el reembarco. Lo cierto es que la cifra final fue muy inferior a esa y que durante el regreso de las tropas a los barcos no hubo baja alguna.
Se dice que la suerte ayudó a los ferrolanos en aquella gesta. La suerte, seguro, se materializó en los cálculos erróneos de los asaltantes, que consideraron que se enfrentaban a un numeroso ejército cuando realmente era todo lo contrario. Se calcula que no desembarcaron menos de 9.000 soldados, y que en el mejor de los casos los españoles no pasaban de 2.000 en la mañana del día 26.
Si desde Ferrol magnificaron el número de bajas inglesas, al revés fue todo lo contrario. Pulteney calculó que entre muertos y heridos cayeron unos 100 defensores locales. Pero las bajas gallegas fueron mayores, 36 muertos y algo más de un centenar de heridos.
La primera batalla se libró en los altos de Brión. Después, el intento de asalto del castillo de San Felipe fue rechazado en tres ocasiones, desistiendo los hombres de Pulteney, quien «comparando las dificultades que presentaba y el riesgo de un fracaso, por un lado, con las posibilidades de éxito y las ventajas derivadas de una u otra opción, decidió devolver a sus tropas a la seguridad de los navíos.
La historia de la batalla se mantuvo viva durante años para decaer después. A mediados del XIX el entonces alcalde, Francisco Suárez, trató de darle a aquellos hechos históricos la relevancia que tenían, pero de nuevo el aniversario de la batalla de Brión se fue perdiendo hasta que el Club Montaña Ferrol recuperó la historia con recreaciones históricas y rutas de senderismo que organizó durante dos décadas -con actos de especial relevancia durante el bicentenario- hasta que hace tres años tomó el relevo al timón de esa cita la Asociación Batalla de Brión, que en agosto volvió a recordar aquellos hechos bélicos en los que vencieron los de casa dejando tocado hasta al tamborilero. Eso sí, sin tantas bajas entre los asaltantes como algunos pretenden.
212 años de la batalla de brión